Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

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De amicitia et politica – Letras Libres

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“Para que dos hombres sean íntimamente amigos deben atraerse y rechazarse sin cesar por algún concepto: se necesita que estén dotados de genios de igual fuerza, pero de diferente especie; de opuestas opiniones, pero de principios semejantes; de odios y de amores diferentes, pero de la misma sensibilidad en el fondo; de temperamentos contradictorios, pero de inclinaciones idénticas; en resumen, de grandes contrastes de carácter y de grandes armonías de corazón.”

El Genio del Cristianismo, François-René de Chateaubriand

Jorge Semprún no era demasiado amigo de los prólogos. De los pocos que escribió queda uno clavado en mi memoria, que aparece en la biografía que hizo Carlos Abella del genial torero Luís Miguel Domingín. Dice Semprún que a pesar del disgusto que le producían la amistad y el respeto que sentía el torero por el general Franco, quería escribir un prólogo “por el deseo y la nostalgia de un vínculo fraternal por encima de las peripecias de la vida, de sus avatares.”

Dominguín compartió amistad con Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Julio Camba, Pablo Picasso o Salvador Dalí; gente de ideas políticas tan dispares como controvertidas. Pero él, al fin y al cabo, no se significó especialmente. Más llamativos aún son dos personajes como Marcelino Menéndez Pelayo y G.K. Chesterton, que a pesar de su afición a la disputa intelectual mantuvieron la amistad de gente tan alejada de su pensamiento como Clarín, Benito Pérez Galdós, Juan Valera, Pío Baroja o Felipe Trigo, el primero; y de George Bernard Shaw, H. G. Wells o Bertrand Russell, el segundo. Hay más casos de sonadas amistades que perviven a pesar de fuertes desacuerdos políticos, como la de Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis, o la de T.S. Eliot con Ezra Pound.

Otras historias rompen ese misterio que tiene la amistad entre personas discrepantes. J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis se pelearon por razones teológicas, Sartre y Camus por culpa del comunismo, Norman Mailer quiso dilucidar diferencias de política exterior con un miembro del gobierno de Lyndon B. Johnson a puñetazos. Yo publico un puñado de artículos en distintos medios cada mes que por fortuna o por desgracia pasan tan desapercibidos como la mayor parte de la sección cultural de cualquier medio, pero en cuanto mento elogiosamente la producción de algún escritor fascista (como lo fueron Camba y Foxá), me gano una serie de insultos de desconocidos y (ex) amigos que me dejan rascándome la cabeza ante el ordenador. Y eso que quitando a falangistas y comunistas, en España casi nos quedábamos sin literatura del siglo pasado.

Ayer mismo, un amigo me enviaba alarmado un artículo de The Guardian que informaba de que la policía británica recomendaba a los ciudadanos de ese país denunciar la presencia de anarquistas en su vecindario. En España, no resultan menos espectaculares las denuncias de ciertos periodistas de derechas ante el movimiento anticapitalista de indignados en España, que suponen lanzado y financiado secretamente por el candidato socialista a la presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El diario El País gusta de publicar artículos que avisan de un supuesto auge de la extrema derecha, a pesar de que la Falange Española, el partido de extrema derecha más votado, contó en las últimas elecciones generales con tan solo 14.000 votos (el 28 de España). Ante esta realidad, existe otra tendencia consistente en denunciar que toda esa extrema derecha (seguidores por igual de Franco, Bush y el Tea Party) se encuentra dentro del Partido Popular. El diario incluso alberga un blog, llamado El Ojo Izquierdo que promete sumergirse “en lo más profundo de la derecha española, tan vociferante y venenosa.” Aparecen allí retratados con regularidad columnistas de toda la prensa de derechas española. Una bitácora polémica, aunque de allí a llamar al periódico más vendido de España “gacetilla sectaria del izquierdismo cutre”, como hacía Hermann Tertsch en el diario ABC, hay un paso. La acusación favorita de todo periodista que se precie a los periódicos y políticos rivales es que promueven el odio y se mueven entre la estupidez y la maldad. Baste esta joya de Tertsch, tan culto como dado a los excesos verbales: “La mentira ya no era eficaz y la remontada imposible. Ahora llega el tiempo del miedo. Están dispuestos a utilizar todos los medios del Gobierno y el Estado para acabar con el rival.”

Fuera del mundo del periodismo, la convivencia no es mejor. La cantante indie Russian Red se declaraba de derechas en una entrevista y saltaba una enorme polémica que su compañero de profesión Nacho Vegas zanjaba diciendo que “cualquiera que se declare de derechas ha de ser un cretino o un cabrón”. Por otro lado, la jovencísima poeta Luna Miguel escribía en un arranque de lirismo fallido publicado en el diario Público que ante la inminente victoria del Partido Popular en las próximas elecciones generales no podía “hacer el amor sin pensar en los próximos cuatro años de retroceso y penita”.

Tan mal estamos, que la situación política nos induce a la denuncia y nos impide hacer el amor sin ser asaltados por imágenes de un país gobernado por malvados derechistas o ignorantes progres. El adversario político no defiende posturas contrarias, sino que viste diferente, vive en barrios diferentes con colegios diferentes y pasa los domingos en lugares diferentes – rezando a Sarah Palin mientras la familia se reúne para sacarle brillo a su arsenal de armas, o despiojándose las rastas antes de acudir a un recital de bongos etíopes. Convertir en puro símbolo al contrario dificulta entablar conversaciones con él.

No pretendo ser relativista. No sólo pienso que algunas ideas políticas son aberrantes, sino que comparto la tendencia de la mayoría de los mortales de razonar que éstas son justamente las que no coinciden con las mías. Pero a pesar de que tipos como Hamsun, Céline, Neruda o Cortázar tomaran decisiones políticas tan equivocadas, me hubiera gustado enormemente conocer a cualquiera de ellos. Hemingway, un hombre de izquierdas, insistía en que Ezra Pound “ defiende a sus amigos cuando alguien les ataca, les introduce en revistas y les saca de la cárcel. Les presta dinero. Escribe artículos acerca de ellos. Les presenta a mujeres ricas. Convence a editores para que les publique. Se pasa la noche con ellos cuando dicen estar muriendo. Les paga las facturas del hospital y les convence de que no se suiciden.”

Me gusta también la anécdota que narra Plinio Apuleyo Mendoza acerca del encuentro entre Carlos Alberto Montaner y Gabriel García Márquez, quienes se conocieron en una cena. Antes de marcharse Apuleyo Mendoza y Montaner, García Márquez se llevó aparte al primero y dijo, “qué tipo tan formidable es Montaner. Caramba, lástima que sea anticastrista”. Al subirse ya los dos amigos al coche, fue Montaner quien comentó que “Gabo es maravilloso, que simpática su conversación. Lástima que sea castrista”. No hay sólo admiración recíproca en la historia, sino también una nostalgia como de quien dice: ‘nunca más nos volveremos a ver’. Queda ese paréntesis, ese momento fugaz de entendimiento entre dos personas que, como Semprún, han sentido el deseo del vínculo fraternal por encima de los avatares de la vida, aunque estos se hayan hecho presentes al final de la noche y para siempre.

De Política y Amistad, artículo publicado en Letras Libres.

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Pluma en Ristre de Leonardo Castellani, en La Gaceta

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Pluma en Ristre es una colección de artículos recogidos por Juan Manuel de Prada, quien avisa en el prólogo de la expresividad, la erudición y el humor de Leonardo Castellani. Acierta el zamorano, ya que estamos frente a un autor que sigue – y no desmerece, lo cual son palabras mayores – el estilo chestertoniano de coger lugares comunes, ideas y dichos y darles la vuelta para desafiar los dogmas del pensamiento moderno, ejercicio que sólo está al alcance de algunas inteligencias.

Encontramos en el libro las claves de por qué, como se ha dicho, Castellani vivió peleado con todos, salvo con Dios. Su artículo Un Pasito Adelante, por ejemplo, supone a la vez una de las más lúcidas críticas al protestantismo y al Concilio de Trento que se hayan escrito. Castellani no juzga poniéndose del bando que mejor le cobija, sino que analiza sin misericordia todos los lados de un problema. No se sorprenda el lector al enfadarse y adherirse a las tesis de Castellani en un mismo artículo.

No debemos entender por esto que Castellani fuese un heterodoxo. Al contrario, fue un defensor de la más firme ortodoxia católica que tuvo la valentía de decir: “Tal como anda hoy el mundo (…) un mínimo de anticlericalismo es necesario para la salvación eterna”. El comentario, naturalmente, no es a favor de los anticlericales, sino en contra de los malos clérigos; y es desde este prisma que debemos entender a Castellani como un firme defensor de la Fe católica.

Uno de los aciertos del libro, que lo acerca a un buen número de lectores, es la cantidad de temas tratados. Dividido en secciones que versan acerca de conceptos como España, el dinero, la política, el dogma o la cultura; hay algo en Pluma en Ristre para todos, y las minuciosas anotaciones de Prada garantizan el correcto entendimiento de unos artículos que por la inmediatez propia del género, hacen a veces referencias que exigían el buen trabajo de un antologista.

No son sin embargo los artículos de Castellani víctimas de la actualidad. Como los grandes periodistas, sus razonamientos trascienden a tal o cual controversia u adversario, y sus reflexiones se leen como a un Chesterton o un Camba.

Castellani es un autor imprescindible no porque reforzará nuestras opiniones preestablecidas, sino porque nos incomodará: Su inteligencia nos hará sentir a veces descobijados, tal y como le hizo sentir a él.

Written by pursewarden

abril 11, 2011 at 7:29 am

Mejores libros de 2010, en Libertad Digital

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Libertad Digital ha publicado un lista de los cinco mejores libros del año según cada uno de sus críticos. Mi selección ha sido la siguiente:

ALEJANDRO GARCÍA INGRISANO
El cuaderno gris, de Josep Pla. Destino.
Relatos de Kolimá. El artista de la pala, de Varlam Shalamov. Minúscula.
Haciendo de República, de Julio Camba. Libros del Silencio.
Vida y opiniones de Juan Mal-herido, de Juan Mal-herido. Melusina.
El libro negro del comunismo, de Stéphane Courtois (coord.). Ediciones B.

En el libro de Josep Pla, he coincidido con don Andrés Amorós, y el Libro Negro del Comunismo hemos sido cuatro quienes lo hemos nombrado: Federico Jiménez Losantos, Carlos Rodríguez Braun, Horacio Vázquez Rial y servidor.

Aparte de los cinco libros nombrados, he leído uno demasiado tarde como para incluirlo en la lista, pero que sin duda estaría: Bestiario y Fuga de Gabriel Sofer. La semana que viene cuelgo la reseña que hice de este libro en Libertad Digital.

Puedes ver la lista completa de los mejores libros del año aquí.

Julio Camba – Tiempo de Hoy

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Si las modas responden a alguna lógica, la moda de Julio Camba es una que vale la pena investigar. Que a un articulista que murió hace casi 50 años se le edite y se lea debe responder a varias razones que nos propusimos descubrir. Para ello, repasamos las últimas novedades editoriales de Camba y hablamos con una serie de escritores y periodistas que, a pesar de pertenecer a distintas generaciones, reivindican a Camba como uno de los grandes de su profesión. Les planteamos la cuestión de que Camba pudiera ser un autor de tendencia.

El primero en desafiar nuestra tesis es Juan Manuel de Prada, que niega que Camba haya dejado alguna vez de estar de actualidad. “¿Las razones? Es un escritor con una mirada escéptica sobre la naturaleza humana, con una mayor capacidad de penetrar que los comentaristas al uso, que se quedan en la hojarasca. Esto le hace más legible, y ésa es la sustancia de su escritura, un estilo que no es viejo porque es sarcástico, poco florido y está lleno de inteligencia.” Tampoco Fernando Sánchez Dragó está de acuerdo: “¿Relevancia en la España de hoy? Ninguna. A la vista está. Las observaciones de Camba estaban inspiradas por el sentido común, y en la Vandalia (así la llamo yo) de nuestros días todo es dislate. España no cambia nunca, a no ser que lo haga para peor. Suelo decir, parafraseando a José Antonio, que nuestro país es una unidad de destino en lo infernal. No tenemos arreglo. Lo mejor es liquidar el país por desahucio, ruina y derribo.”

Si en algo sí coinciden todos nuestros entrevistados en señalar su brillantez como escritor. Gran cronista de viajes (La Rana Viajera) y admirable gastrónomo (La Casa de Lúculo), Camba es, según Fernando Sánchez Dragó, uno de los tres mejores periodistas que ha visto España. Arcadi Espada va más allá y le sitúa entre los tres mejores escritores españoles. “Su problema es no haber recibido esa valoración. Tener gracia en España es peligroso. Se le dijo chistoso, le encasillaron. Sus únicos pecados fueron tener gracia, ser inteligente y escribir en los periódicos.” Pero si por algo seguimos sus crónicas es porque, junto con las últimas noticias del casino de San Sebastián o un análisis del chucrut, adivinamos certeras descripciones de la forma de ser de los habitantes de distintas regiones, y de aquellos que los gobiernan. De esta forma, ayuda a desentrañar, como han hecho los Delibes, Pla o Chaves Nogales, las particularidades de los españoles y “la confrontación de lo español frente a lo foráneo” – habla de Prada – “fue un gran cosmopolita, lo que le permitió trazar la radiografía del alma española sin casticismo y sin veneración hacia lo foráneo.”

Nacido en Villanueva de Arosa, emigró con 13 años a Buenos Aires, donde se asoció con círculos anarquistas. Tanto es así, que en 1906 fue llamado a declarar por el atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII, en el que murieron casi 30 personas. Camba negó su relación con Morral. Empezaba en él una etapa de escepticismo hacia cualquier idea revolucionaria, que desembocaría en una hostilidad voraz. Hacia el Estado, en cambio, su inquina inicial se moderó hacia un hiriente escepticismo. Otra cosa es su opinión de la casta política, por quienes jamás mostrará respeto alguno. Mario Noya dice que ya están en la obra de Camba “el arribismo, el fanatismo, la mediocridad de los políticos y sus mariachis, los debates parlamentarios sórdidos, banales, friquis o perfectamente estúpidos”.

No hace falta preguntarnos qué escribiría Camba sobre Gürtel, el Ministerio de Igualdad o el estatuto de Cataluña. Sus artículos sobre el baño de sesenta mil pesetas que se mandó construir Azaña, y frases como “comprenderán ustedes que la República española no iba a ponerse del lado de los maridos” (sobre la ley del divorcio) o “cambiando artículos del Estatuto catalán por puntos del programa socialista (…) se fue haciendo esta Constitución tan nueva” son, para muchos, perfectamente aplicables a la política de hoy en día. Arcadi Espada recuerda que Camba “no formó parte del fascismo ni del comunismo, representaba esa tercera España que hoy revive por cansancio frente a la socialdemocracia y la derecha”. Cansancio al que ya se refiere el gallego repetidas veces: “Al votar la República, el pueblo no lo hizo precisamente por entusiasmo republicano. Aquel voto, más que un voto en pro, fue un voto en contra; pero no sólo en contra del rey (…) sino en contra de todo un sistema”.

Ahonda en esta idea Juan Manuel de Prada: Camba “fue un diagnosticador atinadísimo de la República. Su desencanto irónico es una de las visiones más lúcidas de esta época.” Su denuncia del amiguismo y la corrupción en el Madrid republicano, y sobre todo los sucesos de octubre de 1934, se tradujeron en apoyo de Camba al golpe de estado de las tropas nacionales. Queda manifiesta su decepción con el experimento republicano: “Y lo peor es que antes (…) había siempre una solución (…) la República; pero ahora que tenemos la República, ahora ya no tenemos solución.” Consiguió escapar a Sevilla, y tras la guerra, en la que ejerció de corresponsal del ABC, volvió a Madrid y se instaló en el Hotel Palace (habitación 383). Sobre todo en esta época, se volvería más huraño y abandonaría los libros monotemáticos y de viajes para abrazar textos heterodoxos, aunque manteniendo ese espíritu epicúreo y tono sarcástico que le caracterizan, siempre teniendo en cuenta las limitaciones que imponía el régimen a los escritores: “En casi todo el interior de Castilla, al pescado se le llama fresco, pero no al pescado fresco, sino al pescado podrido.”

Sentencia Mario Noya, otro gallego: “Quien se engolfa en el dichejo ese de que no hay nada más caduco que el periódico de ayer es que, o no da más de sí, pobriño, o no ha leído a nuestro hombre… o es político.” Ciertamente, si en el periódico de ayer escribió Julio Camba, o algún otro autor que han mencionado los entrevistados durante nuestras conversaciones – Josep Pla y Manuel Chaves Nogales hacen insistentes apariciones – éste contendrá una evaluación irreverente de los males que aquejan hoy a España, y por desgracia, de los que le afligirán dentro de casi 50 años.

Novedades editoriales de Julio Camba

Aventuras de una peseta (Alhena Media, 2007)

La ciudad automática (Alhena Media, 2008)

Maneras de Ser Español (Luca de Tena, 2008)

La rana viajera (Alhena Media, 2008)

Un Año en Otro Mundo (Rey Lear, 2009)

Haciendo de República y artículos sobre la guerra civil (Libros del Silencio, 2010)

Ésta es la versión no editada del artículo que apareció en la revista Tiempo la semana del 27 de agosto al 3 de septiembre.

Written by pursewarden

septiembre 6, 2010 at 8:30 am