Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

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Por senderos que la maleza oculta de Knut Hamsun, en Libertad Digital

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Después de una guerra siempre hay procesos de represión contra los defensores del anterior régimen. No fue distinto tras la Segunda Guerra Mundial, cuando, junto con Nazis, miembros de la Gestapo y colaboracionistas responsables de la muerte de adversarios e inocentes, se produjo la persecución de varios intelectuales que simpatizaron con Alemania durante la contienda.

Maurice Pujo fue condenado a cinco años de cárcel. Charles Maurras, que casi tenía 80 años, a cadena perpétua y a la expulsión de la Academia Francesa (los académicos tuvieron la decencia de no nombrar un sucesor hasta su muerte, que se produjo ocho años después). Céline tuvo que marchar al exilio en Dinamarca hasta que se benefició de una amnistía. A Jünger le prohibieron publicar durante cuatro años, y a Heidegger enseñar durante seis. A Ezra Pound lo encerraron durante trece años. La lista es larga y bochornosa.

Uno de los casos más sonados fue el de Knut Hamsun, Premio Nobel de literatura y uno de los novelistas más brillantes del siglo pasado. Imbuído del espíritu neoromántico que se plasmaría en el Blut und Boden y un filogermanismo que le acompañó desde su juventud, Hamsun vio con buenos ojos el aumento de poder de la Alemania hitleriana. En 1943, consiguió una audiencia con Hitler después de regalarle su Premio Nobel a Göbbels. Cuentan las crónicas que Hamsun se pasó la audiencia reclamando la liberación de ciudadanos noruegos, y que el Führer alemán tardó tres días en reponerse de la cólera que le produjo aquel noruego que parecía ignorarle por completo (Hamsun era sordo).

Hamsun siguió firme en su filogermanismo, e incluso tras la muerte de Hitler, escribió un panegírico en su favor. Los aliados ganaron la guerra y el escritor vio cómo pasaba de héroe nacional a apestado: la turba quemó sus libros en la calle y fue arrestado a los 86 años. Pasó tres años entre un manicomio y un centro de ancianos hasta que por fin un juez dictó sentencia. Ésta se quedó en una multa, y oficialmente se consideró al anciano demente.

Por senderos que la maleza oculta es el texto que escribió Hamsun durante sus tres años de cautiverio. Queda claro tras leerlo que el noruego estaba en plenas facultades literarias y mentales. Refleja el deterioro de un hombre viejo pero sano, quien, tras soportar exámenes y hasta manipulaciones a manos de los psiquiatras, acaba hundido.

Mezcla de autobiografía, relato enmarcados y protesta contra su situación, el libro refleja el lento pasar del tiempo en el cautiverio del anciano. Habla de Silvio Pellico, quien durante su encarcelamiento adoptó a un ratón:

“Yo escribo sobre algo parecido, por temor a lo que pudiera sucederme si escribiera sobre otra cosa.”

Con este estilo lleno de silencios, de realidades que se esconden bajo la superficie, Hamsun nos narra episodios como el de un juez que le pregunta si le parece que el alemán es un pueblo culto. El noruego no contesta. Similarmente arbitrario será el resto del proceso, con sus inexplicables cancelaciones y recovecos. Cuando la justicia se pone al servicio del poder y juzga a sus ciudadanos por motivos políticos, surge el esperpento. Mientras, Hamsun se hunde en la depresión:

“También mi padre tuvo una vez un hijo prometedor.”

Recuerda algunos momentos de su vida, habla con alguna gente, se justifica diciendo que pensó estar haciendo lo mejor para Noruega con sus artículos. Pasada la histeria de los primeros momentos del proceso, es evidente que el gobierno noruego quiere acabar con el problema y tras tres años dicta la cómoda sentencia que condena a Hamsun a pagar una multa por ser un loco. ¿En qué país deben pagar los enajenados por serlo? La guerra lo justifica todo.

Como señalaron en su día Thomas Mann, Isaac Bashevis Singer o Ernest Hemingway, la prosa de Hamsun es indispensable. Tenemos los lectores en castellano la inmensa suerte de que se encarguen de las traducciones del noruego Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo, cuyo trabajo es siempre impecable. Por senderos que la maleza oculta no es una novela como Pan, La bendición de la tierra o la Trilogía del vagabundo, obras maestras de Hamsun, sino un texto heterodoxo que mantiene muchas de las esencias de esos escritos.

Si bien conserva su capacidad para crear una atmósfera, para observar y para plasmar esas sensaciones que acompañan a todos los hombres en todos los lugares del mundo; en este caso Hamsun lucha por aferrarse a las pequeñas disciplinas diarias que acompañan a sus personajes. A pesar de que se adivine su desánimo, el autor confía siempre en que su “prudencia campesina” lo ayudará a salir adelante, y hace sinceros esfuerzos por no caer en la autocompasión. Aunque asistir a esta lucha resulte a menudo desgarrador, leer al genio noruego es obligación del aficionado a la buena literatura.

La Novela del Adolescente Miope y Gaudeamus de Mircea Eliade – Libertad Digital

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Decía Mircea Eliade que, al imitar o narrar los actos de un héroe, el hombre abandona el tiempo corriente y entra en el tiempo sagrado. En sus primeras obras, La novela del adolescente miopeGaudeamus, el pensador rumano se convirtió a sí mismo en héroe. Esos libros, que escribió a una edad muy temprana, narran el tortuoso camino de formación y autodescubrimiento que siguió en su adolescencia y juventud.

El adolescente miope, como podemos adivinar por el título del libro, no es un héroe al uso, pero tampoco un antihéroe. A pesar de ser feo y socialmente inadaptado, su inteligencia y rigor le granjean la admiración de amigos y mujeres, a los que maltrata e ignora. No resulta extraño ver a Eliade tratarse comooutsider, máxime si tenemos en cuenta su trayectoria personal, política y profesional. Militó en su juventud en el violento grupo de extrema derecha Guardia de Hierro, a algunos de cuyos miembros critica en la novela. Fue abiertamente filonazi, aunque antirracista, y nunca hizo el acto público de contrición que le exigía la intelectualidad biempensante. En el mundo académico no son pocos los profesores que desprecian sus heterodoxos manuales y estudios sobre los orígenes de la religión.

En este sentido, y en muchos otros, son evidentes los paralelismos con Knut Hamsun, el premio Nobel noruego que, también por sus simpatías hacia el nazismo, “fue castigado duramente y relegado, si no al silencio, sí a una posición muy incómoda dentro de las letras europeas”, según explica Juan Soto Ivars, especialista en el autor noruego. Hamsun escribió, además, un libro muy parecido a La novela del adolescente miope. Se trata de Hambre, en la que un joven Hamsun vaga por las calles de Oslo en busca de su estilo literario, algo de dinero… y de sí mismo.

Esas dolorosas y solitarias búsquedas desembocaron en el descubrimiento de firmes principios estéticos y políticos que condenaron al rumano y al noruego a un ostracismo para el que estaban preparados. La marginación que sufrieron los autores durante su vida anónima siguió ahí cuando alcanzaron la fama, y sospechamos que es por eso que las disculpas públicas que esperaban no pocos intelectuales (nada ajenos, a su vez, a los flirteos con un totalitarismo de otro signo) jamás llegaron. La única explicación clara que nos deja Eliade es a través de su obra, y nunca a través de las declaraciones autoinculpatorias que tanto gustan en ciertos círculos.

Adentrándonos en el libro, podemos apreciar las diferencias entre Eliade y Hamsun. Mientras que el noruego amaba la naturaleza y estudiaba con mimo a sus personajes, el rumano se encierra en su hogar y se muestra preocupado sólo por la virilidad, el ascetismo y la acumulación de saber. Desprecia sin embargo a sus profesores y a los académicos, que hoy en día le pagan con la misma moneda, a los jóvenes y sobre todo a las mujeres que le rodean. A diferencia de Hambre,La novela del adolescente miope no parece la inauguración de una carrera novelística, sino un manifiesto que abre el camino de una vida intelectual intensa. Este libro y Gaudeamus parecen una declaración de intenciones de Eliade, tras la cual no hacen falta más rectificaciones o aclaraciones. Llegados al final del volumen, creemos haber asistido a un proceso, al final del cual el autor ya no se permitirá más titubeos.

Sin embargo, no es esta impresión del todo cierta. Militante enfrentado a su organización, nazi que polemiza con las doctrinas del nacionalsocialismo, antropólogo ignorado por la academia; un Eliade en crisis con sus referentes culturales mira, como tantos otros centroeuropeos (Schopenhauer, Hermann Hesse, Carl Gustav Jung) hacia Oriente, en busca de una cultura mística que la vieja Europa, a sus ojos, ha perdido. Tras el tajante final de Gaudeamus, Eliade abandona la redacción de sus memorias durante unos 15 años, y no es hasta la derrota del Eje en la II Guerra Mundial que retoma la escritura de unos minuciosos diarios que ya no interrumpirá, y en los que detalla los desencantos y epifanías que tanto abundan en La novela del adolescente miope. Sus dudas, viajes y estudios de lo espiritual constituyen un proceso constante de exilio interior y exterior, que el propio Eliade comparó con los viajes de Ulises y sobre todo con el sentido del retorno del personaje homérico a Ítaca, lugar de referencia que da sentido al tránsito.

El viaje está lleno de escollos, pero el héroe los supera gracias a su inteligencia y voluntad, y los obstáculos que presentan los demás no son finalmente un impedimento. El héroe continúa su camino, certero o equivocado, pero radicalmente individual.

Fuente: Libertad Digital