Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Archive for the ‘Letras Libres’ Category

Edwin Abbott Abbott, ciencia-ficción victoriana – Letras Libres

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Lo primero que llama la atención de Flatland es su título completo: Flatland: A Romance of Many Dimensions. Obviemos de momento la cuestionable traducción al español, que convierte Flatland en Planilandia (puro afán de protagonismo del traductor) y entiende que el romance inglés no es un romance, sino una novela (simple ignorancia). Pero también, en su idioma original, es difícil definir Flatland como un romance, ya que menos de la mitad del libro presenta una narración con algo parecido a un personaje, mientras que la mayor parte es un tratado acerca del mundo llamado Flatland.

La parte primera, que incluye detalles históricos, sociológicos y de costumbres, presenta al lector un mundo bidimensional desde el punto de vista de un cuadrado, ser que habita Flatland. Son unas 80 páginas que parecen capítulos intermedios deMoby Dick (suponiendo que Moby Dick fuera una obra de ciencia-ficción victoriana) o algún preámbulo al Señor de los Anillos de los que gustaba escribir Tolkien –eso sí, con una fracción del detallismo del creador de la Tierra Media. Descubrimos una sociedad en la que una familia puede avanzar desde los estratos más bajos hasta la aristocracia, ora por fortuna genética, ora mediante repulsivos métodos de eugenesia galtoniana. Se prescriben normas pintorescas para con la mujer, ser que nace y vive sin atributos físicos distinguibles. “Cualquier mujer a la que se certifique oficialmente la enfermedad del baile de San Vito […] será inmediatamente destruida”. La misma fortuna corren los tarados y los deformes.

La segunda sección es de tipo narrativo, acción torpemente hilvanada y personajes planos, tanto literal como figuradamente. A pesar de ello, esta parábola matemática sigue fascinando por varias razones. En primer lugar, por lo que nos dice de una sociedad, la victoriana, que descubría zonas del mundo tachadas de “bárbaras” con el deseo de ilustrar, un anhelo que mezclado con incomprensión hacia lo otro produjo a menudo resultados calamitosos. Sin embargo, resultaría simplista deducir que Flatland se reduce a un reflejo de la Inglaterra del siglo XIX y sus aventuras imperialistas. Los temas de la incomprensión, la gestión del saber científico y la ilusión del progreso resultan trasladables a cualquier época. El cuadrado (personaje), visita en un sueño un mundo unidimensional, y se impacienta con el rey de ese universo, incapaz de comprender la bidimensionalidad. A su vez, la esfera que visita el mundo de dos dimensiones del cuadrado se enfurece cuando éste pregunta por la cuarta dimensión: “La misma idea es totalmente inconcebible”. Ése es el espíritu crítico y paradójico que ha llevado a innumerables científicos y matemáticos a interesarse por la obra: Carl Sagan la menciona en su Cosmos, se han filmado cuatro películas inspiradas por el trabajo de Edwin A. Abbott, una docena de obras literarias presentan secuelas o variaciones sobre la idea y, recientemente, la serie The Big Bang Theory la homenajeó.

El autor, Edwin Abbott Abbott, tambien conocido como Edwin A. Abbott o Edwin Abbott “Squared” (al cuadrado), fue, además de profesor con nabokoviano nombre, teólogo. La esfera que visita al cuadrado le pide a este que sea un apóstol de la tercera dimensión, aunque a su vez advierte que ella no es un dios. El cuadrado comienza a predicar la novedosa dimensión mediante demostraciones (el libro también contiene diagramas explicativos que aclaran conceptos matemáticos), por culpa de lo cual acaba perseguido y encarcelado, a pesar de que las autoridades saben que no miente, de la misma forma que los seguidores de Jesucristo fueron perseguidos por transmitir su mensaje, impertérritos ante la persecución. Pero, como veremos, el mensaje del cuadrado no es de tipo espiritual, sino científico, y sus consecuencias son muy diferentes.

Al recibir la visita de la esfera y conocer un mundo tridimensional, nuestro narradorsolamente ha descubierto una tercera dimensión. Nada más. Dice que su descubrimiento es tan obvio que “hasta una mujer lo podría entender”. ¿Entonces qué ha conseguido este apóstol? Su actitud ante las mujeres y los deficientes, la sumisión al gobierno; todo sigue allí. El saber científico, como demuestran la eugenesia, el infanticidio y la actitud frente al sexo débil del narrador, no es ni tan siquiera un paso en la mejora moral y espiritual del hombre. Terminada la lectura de Flatland, prima, por encima de la frustración por el encarcelamiento del protagonista, la decepción por la epifanía de pacotilla que ha vivido éste. “¿Qué no podemos lograr con el pensamiento?”, se pregunta entusiasmado el narrador. Sin embargo, sus paradigmas fundamentales no han cambiado. El libro, escrito en un momento de espectaculares avances científicos, también alerta de lo insignificantes que pueden ser estos avances para las personas. Al final de la narración descubrimos que el Parlamento de Flatland sabe que cada mil años acude a su universo un visitante de la tercera dimensión para anunciar su existencia. Pero cuando se marcha, Flatland sigue siendo un mundo de dos dimensiones.

Abbott al cuadrado, estudioso de Francis Bacon, acaba Flatland con este monólogo: “Cuando el mundo tridimensional parece tan quimérico como el de una o ninguna dimensión, cuando esta dura pared me excluye de mi libertad, hasta estas tablas sobre las que escribo y todas las realidades sustanciales de Flatland parecen poco más que las hijas de una imaginación enferma, o los telares de un sueño infundado”.

Fuente: Letras Libres

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Sobre toros, artistas y ciudadanos – Letras Libres

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Reacción, al fin. Tras la inmovilidad del mundo taurino ante la amenaza de prohibición de la fiesta que ya comentamos antes, parece que no sólo los toreros, sino filósofos, periodistas, artistas e intelectuales han alzado la voz ante el ánimo prohibicionista del independentismo catalán. Fueron diversos artistas e intelectuales catalanes los que firmaron un primer manifiesto, el de la Merced, contra el fin de las corridas de toros en Cataluña. Suscribieron este manifiesto personas como Arcadi Espada, Pere Gimferrer, el filósofo Víctor Gómez Pin o el director Mario Gas, y en él, se recordaba a la clase política que “no es sólo la realidad cultural, festiva, tradicional, económica y social de los toros lo que está en juego: es la misma libertad, es una fracción más de libertad, de la libertad de todos, que con su voto pueden borrar o no de nuestro entorno, y que todos nosotros aquí y ahora podemos perder.”

Tras el manifiesto, silencio, y el recuerdo de las palabras del ex torero Joselito: “El ser del torero es solitario y ama tanto la melancolía como la libertad.” Prevalecía ese sentimiento entre todo el mundo taurino, y el silencio ha durado hasta hace pocas semanas, cuando Pedro J. Ramírez, director del periódico El Mundo, convocaba el 1er Foro Taurino del grupo. Allí se dieron cita la ex ministra de cultura Carmen Calvo, Fernando Sánchez Dragó y una larga lista de personalidades relacionadas con el mundo del toro. El mismo día, otro acto en Sevilla reunía al cineasta Agustín Díaz Yanes, a los del Río y a otras personalidades que firmaron un manifiesto a favor de los toros que se encargó de leer el filósofo Fernando Savater. Unos días antes, otro filósofo, el francés Martin Wolff, presentaba su libro Cincuenta Razones para Defender las Corridas.

Ante la inminencia de la votación, el mutismo inicial se ha convertido en clamor del mundo de la cultura, al que no han sido ajenos los toreros. El Juli ha confesado en el programa radiofónico esToros que le importa más el futuro de la fiesta que el suyo propio, mientras que el citado Joselito ha estado en el parlamento catalán defendiendo la fiesta, no sin dificultades. Con un “bienvenido a nuestro país”, pronunciado en catalán, le recibían los diputados independentistas, cuya negativa a hablar en español, unida a una serie de errores técnicos con el sistema de traducción simultánea, han impedido al ex torero comprender las preguntas que le dirigían. Los problemas técnicos se han resuelto cuando los parlamentarios lanzaban sus preguntas a los invitados franceses, y al dirigirse a la escritora antitaurina Espido Freire, los diputados no han tenido problemas en utilizar el español.

Freire, notoria coleccionista de bolsos de piel, representa el otro lado, el de intelectuales contra la fiesta. Pertenece también a este grupo de escritores prohibicionistas Lucía Etxebarría (también Blasco Ibáñez en su día), aunque el colectivo es minoritario. Frente a ellos, al apoyo de los Savater, Gimferrer, Boadella, Arrabal o Dragó hay que unir el peso de las manifestaciones artísticas que diversos escritores y pintores han dedicado a los toros: Hemingway, Ortega y Gasset, Miguel Hernández, Goya o Picasso son los primeros que vienen a la mente. Orson Welles y Ava Gardner también asistían a la plaza de Las Ventas cuando se encontraban en Madrid, previo paso por el bar Chicote. Eran otros tiempos, que evocó Natalia Molero, escritora, en el parlamento catalán: “no me obliguen a ir a Francia a ver los toros, tal como mis padres hacían para ver cine”.

Los animalistas, que siguen sin plantearse la prohibición del correbous, han equiparado en el parlamento la fiesta con la guerra y hasta con el holocausto. Sus argumentos van en la línea de humanizar al animal, hablando de “derechos” y denunciando el estrés que sufre el toro. Este razonamiento sigue la tendencia que ha popularizado PETA, organización ecologista (considerada terrorista en Estados Unidos por sus ataques a laboratorios) célebre por sus fuertes campañas a favor de los derechos de los animales, y que han generado controversia por comparar imágenes de gallinas en un corral y judíos en un campo de exterminio. Tan marcada es esta propensión, que el anti taurino Norbert Bilbeny ha justificado su postura autodenominándose humanista.

“El único insulto para el toro es la compasión,” decía José Bergamín. El buenismo imperante lucha por esconder o suavizar aquello que incomoda: las chabolas se alejan de la ciudad, la comida se denomina orgánica y la madre tierra no permite inundaciones, sino que “reacciona ante la agresión del hombre”. La lucha entre la vida y la muerte, entre la inteligencia y la bravura, no se entiende, y desagrada por incomprensible lo que Foxá llamaba “el espectáculo de un pueblo religioso acostumbrado por su sangre a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá”. No es coincidencia entonces que sean los artistas quienes se enfrentan a los burócratas, ante la indiferencia de demasiados ganaderos y empresarios. Otros ya se han pronunciado, y claman contra la desaparición del toro de lidia, haciendo suyas las palabras de Miguel Hernández:

“Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.”

Fuente: Letras Libres

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marzo 23, 2010 at 7:32 am

Los movimientos contra ley Sinde – Letras Libres

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Una serie de catastróficas desdichas

Desde el día de su nombramiento como Ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde ha provocado reacciones que van desde el recelo hasta el rechazo frontal. Habían pasado unas horas desde que fuera confirmada para el cargo cuando Enrique Dans, uno de los blogueros más famosos de España, calificaba la designación de “pesadilla”. A las pocas horas, la Asociación de Internautas acusaba al presidente Zapatero de “provocación”.

Hija del cineasta José María González-Sinde, colaborador del oscarizado José Luís Garci, la ministra es también guionista cinematográfica, lo que le lleva a sufrir una demanda por parte de la citada Asociación de Internautas por conflicto de intereses a los pocos días de jurar el cargo. Sin embargo, la Oficina de Conflicto de Intereses –órgano de la Presidencia del Gobierno– rechaza la denuncia. En esos días se estrenaba el film Mentiras y Gordas, cuyo guión, repleto de frases inolvidables, es obra de la Sinde:

– Si no haces nada no cambiará nada.
– ¿Y tú qué haces para cambiar las cosas?
– Vivir, follar, usar condón, drogarme… Esa es mi forma de protestar.

El éxito que tiene la película en taquilla entre la muchachada patria se repite en Facebook, donde el grupo “Sinde, pírate” supera a día de hoy los 36.000 miembros. El primer proyecto estrella de la ministra es la nueva Ley de Cine, que levanta revuelo introduciendo la discriminación positiva a favor de las mujeres a la hora de recibir subvenciones, cuyo montante aumenta en 8,5 millones de euros respecto a la cantidad original que se anuncia. Por la poca claridad a la hora de repartir las subvenciones, la Comisión Europea detiene la entrada en vigor de la ley. Poco después, la Audiencia Nacional desacredita la decisión de la Oficina de Conflicto de Intereses y admite la querella contra la ministra. En esa tesitura, Zapatero presenta la llamada Ley de Economía Sostenible de la mano de González-Sinde. El éxito se repite: en unas semanas, un manifiesto contra ésta alcanza los 215.000 simpatizantes en Facebook.

Dentro de un amplio paquete de medidas económicas, la Ley observa con atención especial el mundo online, y en particular todo lo relacionado con las descargas, a las que medios como El PaísEl Mundo se refieren –erróneamente– como “descargas ilegales”. En particular, ha escocido un rumor (confirmado o desmentido por el gobierno según el momento) según el cual las webs de descargas podían ser clausuradas sin intervención judicial, simplemente con la autorización de un comité. En todo caso, hay en el anteproyecto de ley una mención explícita a la lucha contra las redes P2P y el cierre de sitios Web. También se contempla la intervención pública en el sector. Intervención que el manifiesto original contra la ley no rechaza: “Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España”. Un segundo manifiesto, promovido por sectores de extrema izquierda (y que incluye entre sus firmantes a Belén Gopegui, Isaac Rosa o Rosa Regás) pide la nacionalización de Internet y, enigmáticamente, argumenta que “si la mayoría de los internautas está en contra del cierre de páginas Web que facilitan el intercambio de archivos, una gran mayoría de ciudadanos está a favor de repartir entre todos la riqueza de la que se apropian empresas como el Banco de Santander, Repsol o Telefónica”.

Es sin embargo un tercer y último manifiesto el me parece el más acertado. Promovido por la plataforma Libertad 2.0, “exige la retirada de la disposición final primera del anteproyecto de la LES porque consideramos que vulnera derechos individuales, no derechos colectivos”, según Almudena Negro, presidenta del Foro Liberal, una de las asociaciones promotoras. Negro cree que el gobierno utiliza “instituciones del Estado para otorgar privilegios feudales a entidades privadas”, alertando que “de aprobarse esta ley injusta, el internauta ya no pleitearía con una entidad privada (privado-privado), como pudiera ser la SGAE, ante tribunales civiles y/o mercantiles, sino que será el propio gobierno, a través de una comisión administrativa, quien tomará la decisión de si la página o bitácora en cuestión vulnera derechos de propiedad intelectual, pasando después el asunto a la jurisdicción de lo contencioso-administrativo, que, como dice cierto informe del CGPJ filtrado a los medios en una clara maniobra de intoxicación, no entrará en el fondo de la cuestión. Los jueces serán lacayos de los políticos, limitándose a decretar, o no, el cierre de las páginas.”

La clave, como bien apunta Negro, es que el gobierno no se inmiscuya en el mundo online, ni impidiendo el libre intercambio de archivos entre particulares (que es lo que son las redes P2P, y la razón por la cual no se pueden considerar estas actividades como “descargas ilegales”), ni garantizando la neutralidad de la red. ¿Qué necesidad hay de que el gobierno garantice algo que sólo él pone en peligro, como atestiguan experiencias como la cubana o la china? Se tratan de aplicar a Internet leyes ad hoc, lo cual crea situaciones aberrantes. Por ejemplo, si un periodista infringe la ley, recibirá una multa, mientras que un blog se arriesga a ser clausurado. Que no se produzca revuelo por este hecho y sí por el cierre de un periódico demuestra que la separación entre diferentes estatus legales es nociva, o al menos conduce a una disparidad de criterios que a este comentarista le parecen injustificables.

Internet es razonablemente regulable con las leyes existentes. Existen leyes de derechos de autor que no impiden que comparta un libro sin ánimo de lucro, lo que demuestra la legalidad de las redes P2P. Estas mismas leyes impiden que gane dinero compartiendo el trabajo de otros, por lo que la frontera está claramente establecida. La sospecha generalizada es de un intercambio de favores entre la ministra cineasta y el colectivo de artistas que apoyaron en masa a Zapatero en las pasadas elecciones generales y que se muestran temerosos ante la pobre afluencia de espectadores en películas españolas (que se traduce en índices de descargas testimoniales, demostrando que el mundo virtual es réplica del real). Todo ello, mezclado con el analfabetismo tecnológico no sólo del gobierno sino también de la oposición, que se limita a vocear las consignas del grupo de bloggers más mediático según el momento, pero que demuestra una pasmosa falta de criterio votando contra Zapatero en España pero en Europa a favor de Sarkozy, cuya ley de Internet han imitado las ministras González-Sinde y Salgado en sus principales puntos, sobre todo en el de sanciones penales y cortes de la conexión a Internet de los infractores.

La falta de regulación específica ha contribuido al fantástico desarrollo de Internet en muy pocos años. Sede de propuestas críticas, extraoficiales y alternativas, ha llamado la atención del mundo de los políticos, que febrilmente se lanzan a la regulación más o menos simpática de Internet: contra los piratas o a favor de los internautas, como si los piratas no fueran internautas o estos últimos no hubieran prosperado, cibernéticamente hablando, sin medidas en pos de su bienestar. Señor Presidente, señora Ministra: no les quiero en mi ordenador. Gracias.

Fuente: Letras Libres

Written by pursewarden

febrero 9, 2010 at 5:51 pm

Los toros, Barcelona y la política – Letras Libres

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La gente dice “viva los hombres” cuando lo ven torear.
“Francisco Alegre”, Concha Piquer.
El 5 de julio de 2009, la Monumental de Barcelona asistió a una corrida imperfecta. José Tomás sufrió dos cogidas, aunque siguió toreando a esa velocidad tan suya, como intentando llegar a un lugar que los demás no vemos, tirando hacia delante con “esa testarudez que se arraiga en los cojones”, según Zabala de la Serna. Los toros no fueron perfectos, ni cada pase limpio, pero Tomás acabó cortando cinco orejas y nadie acusó al presidente de ser demasiado generoso. Entre la salida del primer toro de Núñez del Cubillo y la de un José Tomás victorioso, seis toros después, habían sucedido cosas en el ruedo que la mayoría de aficionados no sabríamos explicar, pero que los presentes sí supieron premiar con las cinco orejas. El mismo hálito galvánico conecta a miles de personas cuando aparecen Leo Messi o Roger Federer, a los que al menos el resultado objetivo sí premia con la Copa de Europa o la de Wimbledon.

La escena podría no llegar a repetirse. El 15 de diciembre, el parlamento catalán votará la Iniciativa Legislativa Popular, una ley con la que se podría prohibir el toreo en esa comunidad. Otra comunidad autónoma, Canarias, ya siguió esta senda en 1991, pero la tradición taurina de las islas era insignificante. La Monumental de Barcelona, plaza con capacidad para casi 20.000 almas, es otra cosa. Más allá de la corrida de Tomás, un fijo en los carteles del ruedo barcelonés, los espectadores de la Monumental llevan acudiendo a corridas míticas desde 1914.

Aunque los partidos que han promulgado la ley antitaurina lo hacen aduciendo la defensa de los derechos de los animales, resultaría poco serio obviar que la ley ha sido apoyada sólo por la extrema izquierda nacionalista: Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Iniciativa per Catalunya (IPC). Frente a ellos se sitúa la derecha, el Partido Popular, y Ciudadanos de Cataluña, una plataforma transversal pero claramente españolista. En medio, la derecha democristiana catalanista, Convergencia i Unió, y el Partido Socialista de Cataluña, de izquierda, pero que apoya al PSOE en el gobierno. Estos dos últimos han decidido otorgar la libertad de voto a sus parlamentarios, algo poco usual en la política española.

La guerra cultural tras el intento de prohibición resulta paradójica. Mientras que Lluís Companys, histórico líder independentista, asistía hace 70 años a las corridas en la Monumental, la Fiesta ha terminado por identificarse con el estado español y sus tradiciones. A unos kilómetros de Barcelona, en la Francia catalana, el toreo se esgrime por el movimiento independentista como particularidad cultural del pueblo catalán frente al gobierno francés. En España, sin embargo, tanto ERC como IPC piden la prohibición de la llamada Fiesta Nacional, pero no así del correbous, una tradición exclusivamente catalana en la que al toro se le prenden dos fuegos sobre los cuernos antes de soltarlo por las calles del pueblo. Algunos medios, como elNew York Times han visto en la ley el reflejo de un creciente provincianismo en Cataluña. Este factor, unido a la preocupación por un mayor intervencionismo por parte del gobierno catalán, puede llevar a los diputados más moderados a votar contra la ley.

Las posibilidades con las que cuenta la moción de prosperar son una incógnita. En una rara entrevista al programa de radio esToros, el empresario taurino Antonio Matilla declaraba que, según los cálculos y sondeos, su causa estaba a veces “4 votos arriba, a veces 4 votos abajo”. Mientras, muchos toreros, el propio José Tomás incluido, han hecho bandera de la causa y hacen esfuerzos por apoyar la tauromaquia en la ciudad Condal. A veces estos esfuerzos son algo torpes, más apoyados en la ocurrencia que en el movimiento cívico organizado. Pero es comprensible: el torero nunca se ha enfrentado a una situación similar. De pronto, éste se convierte en blanco del odio de un sector significativo de la población regional, y algunos reaccionan con exabruptos. Sin embargo, la mayoría ha optado por un silencio prudente, a la espera quizá de la reacción de uno de los grandes o de una respuesta pactada y en masa del mundo del toreo.

José Tomás no siente miedo: eso adoran sus seguidores y le achacan sus detractores, que ruegan que observemos las diferencias entre un inconsciente y un torero. Pero, ¿y nosotros qué sabemos? Los toreros están hechos de otra pasta. Tampoco aprecian sus detractores esa aura de Tomás que le encumbra incluso en faenas imperfectas, como la del 5 de julio en Barcelona. Pero es para eso (aunque no sepamos lo que es eso), y no para la reivindicación, que están los toreros. Las leyes que les colocan fuera de su mundo recuerdan a la incertidumbre de Yuri Zhivago ante una realidad bélica y burocratizada: su forma de actuar siempre parece inadecuada, y el lector desearía verle de vuelta en su antiguo mundo, donde una vez pudo salir adelante con normalidad. No sabemos si eso será posible en Barcelona, donde los asistentes a cada gran corrida se encuentran con numerosos grupos de activistas increpándoles a la entrada de la plaza. Incluso si la ley es rechazada, habrá un largo camino por recorrer hasta que la fiesta se normalice de nuevo; un camino tan largo como el que llevó a Cataluña de tener a un presidente, Companys, que llegó a presidir una corrida en la Maestranza de Sevilla a otro, Montilla, que ahora oculta su condición de aficionado a los toros por culpa de la presión de la opinión pública.

Fuente: Letras Libres

Written by pursewarden

diciembre 10, 2009 at 5:35 pm

Mad Men, políticamente incorrecto – Letras Libres

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Nadie puede negar que Mad Men es una serie desprovista de la red de seguridad de la corrección política. Los hombres no comen yogur de soja ni se depilan, sino que pasean su hipermasculinidad por las oficinas de la agencia de publicidad Sterling Cooper mientras deciden a qué secretaria van a hacer sonrojar, o peor. Joan Holloway, interpretada por la actriz Christina Hendricks, se ha convertido en un icono de la mujer exuberante, alejada de cualquier androginia. Son hombres masculinos y mujeres femeninas, no las diluidas versiones contemporáneas que son la norma hoy en día.

Por eso vemos la serie con el mismo morbo con el que se consume el violento cine de Tarantino –con la excitación de quitar esa red de seguridad. Y al igual que con las películas de Tarantino, ese placer de ver el tabú viene empaquetado con una estética brillante. En Mad Men se fuma y se bebe estilosamente, sans cáncer. No existe aún el SIDA, por lo que las numerosas aventuras extramaritales que acontecen en la serie se disfrutan sin castigo. Faltan unos diez años para que se invente el acoso sexual, y las palmaditas en el trasero se solucionan con meneo reprobatorio del dedo índice. Sus protagonistas hacen todo lo que nosotros no podemos, como cuando, en el film Jackie Brown, Robert DeNiro dispara a Bridget Fonda porque ésta no se calla.

En comparación con el mundo europeo de hoy, el Nueva York de Mad Men responde a una imagen bastante extendida de la jungla del capitalismo salvaje, donde existen el éxito y el fracaso sin ambages. Cooper, el jefe de Don Draper (protagonista de la serie), es un entusiasta de la biblia capitalista, La Rebelión de Atlas de Ayn Rand, publicada tres años antes del comienzo narrativo de la serie. Nadie pide disculpas ni busca excusas (muy al estilo del Doctor House), ni tampoco se ponen límites: “This is America. Pick a job and then become the person that does it.” Por eso cuando Roger Sterling responde con su who cares, sabemos que es sincero. ¿A quién le importa nada?

Esta falta de consecuencias que tienen los actos morales de los personajes de Mad Men recuerda a las primeras temporadas de Los Soprano, cuando Tony escapa indemne a todos los peligros que se le presentan. La ansiedad del espectador aumenta hasta que a partir de la cuarta temporada, las cosas empiezan a torcerse gravemente (culminando en el enigmático final de la serie). La relación de los espectadores con Don Draper va a ser parecida a la que teníamos con Tony Soprano –cuando la admiración se torne en envidia, vamos a acabar pidiendo su cabeza. Los guionistas nos la entregarán, seguro. Simplemente quedará ver cómo lo hacen.

Fuente: Letras Libres

Written by pursewarden

septiembre 17, 2009 at 5:39 pm

Locuras colectivas: plagas de baile y de risa – Letras Libres

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“Los hombres, como se ha observado correctamente,
piensan en rebaño; veremos cómo enloquecen en rebaño,
mientras que recobran la cordura lentamente, y uno a uno”.

De esta forma resumía Charles Mackay, en su obra Extraordinary Popular Delusions and the Madness of Crowds (traducida al español simplemente como Delirios Multitudinarios), las histerias colectivas que han asolado a algunas comunidades a lo largo de la historia. Entre estas histerias podría incluirse la alquimia, la caza de brujas, las cruzadas o la influencia de la barba en religión y política. Pero han existido dos epidemias de histeria colectiva especialmente interesantes, ya que nos hacen replantearnos la raíz misma de algunos comportamientos humanos. Me refiero a la plaga del baile de 1518 y la epidemia de la risa de Tanganyika, en 1962.

En el mes de julio de 1518, Frau Toffea empezó a bailar en las calles de Estrasburgo. Poco a poco, otros empezaron a unirse a ella. Las autoridades contrataron a músicos y bailarines profesionales para acompañarles, y abrieron las casas del ayuntamiento para acoger a todo el mundo. En pocos días, aquellos con el corazón más débil empezaron a morir. En un mes, más de 400 personas bailaban contra su propia voluntad. Los anales de la época dicen “no hay evidencias de que quisieran bailar. Al contrario, expresaban horror y desesperación”. Las causas de muerte más comunes fueron ataques al corazón, apoplejías y agotamiento. En septiembre, con la mayoría de los bailarines fenecidos, terminó la plaga.

Cuatro siglos después, en Tanzania, unas alumnas de un internado empezaron a reír descontroladamente después de que sus compañeros de clase les contaran un chiste. El ataque de risa, que comenzó con arrebatos, poco a poco se extendió durante horas, y luego días. La risa se contagió a los padres de las alumnas, a los vecinos de estos y, finalmente, a varios poblados de la región, cuyos habitantes sufrían dolores, desmayos, problemas respiratorios, eccemas y ataques de llanto. La epidemia duró seis meses, aunque aún no conocemos el chiste que la desató.

En ambos casos, las comunidades afectadas estaban inmersas en periodos de gran dificultad. En Estrasburgo, la viruela, la sífilis y la lepra causaban estragos en la población, mientras que en Tanganyika se descubrió que gran parte de los habitantes sospechaba bien que la harina de la zona estaba envenenada, bien que el aire estaba contaminado por culpa de las detonaciones de bombas atómicas. Esto sucedía en 1962, dos años antes de que la región de Tanganyika se uniera con la de Zanzíbar para formar el país que hoy conocemos como Tanzania, un proceso que se cobró la vida de decenas de miles de personas.

Bailar y reír son actividades sociales. Un estudio consultado en American Scientist señalaba que las personas tienden a hablar y sonreír cuando están solas, pero no a reír. El baile, por su parte, es una expresión ritual o de interacción social. Pero en ambos casos, los fines habituales del baile y la risa –la celebración, el cortejo, el culto– desaparecieron en favor de una respuesta grupal ante situaciones de ansiedad generalizada. Esta transformación de comportamientos sociales habituales es lo que diferencia las epidemias de histeria de Estrasburgo y Tanganyika de otras, como los avistamientos de OVNIs durante la Guerra Fría o los desmayos de Kentucky (causados por “miedo a la muerte”), cuyas manifestaciones, alucinaciones y desfallecimientos, se perciben como más naturales ante situaciones de estrés.

Cabe preguntarse entonces si la risa y el baile son actividades espontáneas del hombre a las que hemos dotado de un significado determinado en un contexto social. Parecería que no, si atendemos al hecho de que ese significado es similar (y positivo) en todas las culturas. Pero la risa, que sirve para aliviar tensión y que surge también relacionada con la agresividad (parecida al acto animal de enseñar los dientes); y el baile, relacionado con rituales violentos como el de los guerreros berserkers vikingos, muestran las equívocas fronteras de estas acciones. Los eventos de Estrasburgo y Tanganyika no sirven sino para confundir más esta zona fronteriza que delimita el lugar donde la praxis social modera ciertos impulsos que en algunos momentos nos vemos compelidos a transgredir colectivamente. Sólo necesitamos a Frau Toffea para que empiece la locura.

Fuente: Letras Libres

Written by pursewarden

julio 30, 2009 at 5:42 pm

Estoy desnudo y Hombres salmonela en el planeta porno de Yasutaka Tsutsui – Letras Libres

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En el relato de Yasutaka Tsutui “Maneras de morir”, un oni (una criatura demoníaca japonesa) irrumpe en el departamento de cálculo de costes de una oficina de Tokio. Con su característico kanabō (una barra de hierro), mata uno a uno a los once empleados que se encuentran trabajando allí. A través de los asesinatos, narrados minuciosamente, el lector se hace una idea de las personalidades de los fenecidos, así como de las relaciones personales y sociales que han establecido entre sí. Todos los relatos que podemos encontrar en Estoy desnudoHombres salmonela en el planeta porno, dos únicos libros de Tsutsui editados en castellano (por la editorial Atalanta), presentan una metodología similar, donde es el propio Tsutsui quien actúa como oni. De esta manera, el autor retrata una sociedad dominada por el tabú, un mundo que cuanto más rico es “más leyes y normas nos impone y más discriminación.”

Tsutsui, que en sus relatos habla de distopías donde hordas bienpensantes linchan a los fumadores (“El último fumador”) o de paraísos feministas de donde está prohibido salir (“El mundo se inclina”), sabe bien lo que es enfrentarse al tabú. Son célebres sus confrontaciones con los guardianes de lo políticamente correcto en Japón, donde la Asociación de Epilépticos lo atacó por parecerles irrespetuosa su descripción de la enfermedad. Tal fue la presión de los medios, que renunció durante tres años a publicar. Su poco aprecio por los periodistas es también una constante en sus cuentos, donde la realidad es manipulada por los medios de forma insistente e interesada. En “Rumores sobre mí”, todos los medios de Japón deciden publicar noticias sobre un anónimo trabajador de oficina. No extraña que a partir de sus años sabáticos, Tsutsui optara por inspeccionar las posibilidades que le ofrecía Internet, desarrollando su ciberficción y disfrutando de la falta de censura del mundo virtual.

A pesar de su edad (nació en 1934), Tsutsui sigue publicando a un buen ritmo, y sigue siendo uno de los autores de ciencia-ficción más populares en su país. Además, trabaja como actor y músico, y fue uno de los primeros autores “serios” en interesarse por el manga. Esta actitud contrasta con su desinterés por la literatura clásica japonesa, que afirma no haber leído. Sus verdaderas influencias, según él mismo dice, son “Freud, Darwin, Carl Jung y los Hermanos Marx”. Su obsesión por las estructuras sociales, la percepción de la realidad y los sueños se ha materializado en novelas como Paprika, adaptado hace tres años en un popularanime, lo que le convierte en un autor popular entre la juventud nipona, que aprecia su obra heterodoxa e irreverente.

El protagonista típico de Tsutsui es un individuo dominado por el temor al gobierno que prohíbe todo aquello que pueda causar “malestar social”; a la sociedad, encarnada en espeluznantes amas de casa que recuerdan a Tipper Gore y su cruzada contra la obscenidad del Rock’n Roll; al otro, que puede ridiculizarlo, marginarlo, matarlo o internarlo en un psiquiátrico (“No se le ocurra llevarme al manicomio, ¿eh?”, le pide el protagonista de “Rumores sobre mí” a un taxista).

Así, podemos trazar un paralelismo entre las asociaciones que atacan a Tsutsui en la vida real y las actitudes colectivistas que convierten en esperpentos a muchos de sus personajes: asalariados, amas de casa, padres de familia. Pero tanto quienes se acomodan a la vida dentro de estos grupos como los que no, acaban muertos por congelación, por ahogamiento, por el derrumbamiento de una montaña, afásicos automutilándose, enloquecidos confinados en zoológicos, incluso convertidos en seres mutantes. Al final, sin importar cómo eligen vivir su vida, los personajes de Tsutsui acaban derrotados. Sólo el propio autor, armado con sukanabō y al abrigo del mundo virtual, prevalece.

No quiere decir esto que sus relatos no sean divertidos, si aceptamos como diversión el mismo placer perverso que experimentamos al las películas hiperviolentas de cineastas japoneses como Takashi Miike o Takeshi Kitano, siempre impregnadas de un humor entre enigmático y bufonesco. Especialmente relevante resulta la comparación con Kitano, que acaba de finalizar su trilogía metacinematográfica (Takeshi’s, Glory to the Filmmaker!Achilles and the Tortoise), llena de elementos reminiscentes de la narrativa de Tsutsui –el padre de la metaficción japonesa, con una prosa llena de giros inesperados e inexplicables finales, como el de “La embestida del autobús loco”: “a partir de este punto ya no tiene sentido seguir con la historia, por más que lo intente. Aquí termina el cuento”.

Fuente: Letras Libres