Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

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Atención: su lenguaje ha sido desinfectado – Letras Libres

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Lo reconozco: estudio filología. Uno de los temas que más me ha interesado en estos años ha sido el de los sinónimos; y es que cuando tienes un nexo afectivo con una lengua, aprendes que el sinónimo exacto no existe. Esta sencilla reflexión nos dice mucho acerca del lenguaje, principalmente, que tenemos con los idiomas una relación íntima a la vez que los utilizamos para comunicarnos en sociedad. Expresa nuestras vivencias, actitudes, intenciones, educación y hasta estado de ánimo. Casi todo lo mostramos por cómo nos expresamos.

El 30 de enero pasado, recibí de mi universidad, la UNED, el siguiente correo electrónico:

“Estimadas compañeras y estimados compañeros,

La Oficina de Igualdad pone a vuestra disposición La Guía de Lenguaje no Sexista [http://portal.uned.es/pls/portal/docs/PAGE/UNED_MAIN/LAUNIVERSIDAD/VICERRECTORADOS/GERENCIA/OFICINA_IGUALDAD/GUIA_LENGUAJE.PDF].
Para más información consultar nuestra página Web: www.UNED.es/oficinadeigualdad

Recibid un cordial saludo.”

Que un sindicato me hiciera llegar este correo me parecería normal (es una de las muchas razones por las que no estoy afiliado a uno), pero que lo hiciera la segunda universidad más grande de Europa me preocupaba. Comencé a redactar respuestas, aclarando que los encabezamientos de las cartas en español van seguidos de dos puntos (:), y no de una coma (,); o que el imperativo que pretendía utilizar no debía ser “consultar” sino “consultad”. Quizá debía centrarme sólo en las múltiples contradicciones de la guía. Al final, por falta de tiempo, me contenté con enviar una serie de clarificaciones de la RAE que debían ayudar al redactor del vademécum a comprender la diferencia entre género gramatical y biológico, entre otros valiosos conocimientos.

En los últimos años, han proliferado las guías de lenguaje no sexista, elaboradas por gobiernos locales, sindicatos y otras fuerzas del progreso. Contienen recomendaciones como la de cambiar el sustantivo colectivo por otras fórmulas que van desde el esperpéntico “Estimadas compañeras y estimados compañeros” de la UNED hasta el no menos aberrante “Compañero@s”. Una de mis favoritas, elaboradas por el gobierno socialista de Andalucía, recomendaba en un informe de 71 páginas de lenguaje “ecofeminista” a cambiar la palabra ‘futbolista’, considerada machista, por el término “quienes juegan al fútbol”.

Hace unos días, la RAE por fin se pronunció contra los muchos engendros gramaticales plasmados en estas guías. Las críticas a éstas se pueden enfocar desde tres puntos de vista. El primero es puramente gramatical: los autores de las mismas confunden constantemente el género gramatical y el sexo e ignoran el principio de economía en el lenguaje, entre otras cosas. El segundo es práctico. El informe citaba la constitución de Venezuela como ejemplo:

“Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y de aquellos contemplados en la Ley Orgánica de la Fuerza Armada Nacional.”

Si el lenguaje sirve para comunicarse, no parece ser éste el camino. El tercer punto de vista es que los intentos que han existido a lo largo de la historia por dictar una forma de hablar desde el poder o desde una institución han fracasado. Producen risa las gramáticas normativas británicas del siglo XVIII, cuando bajo los embrujos de la Ilustración algunos lingüistas pensaron que sus guías de lenguaje podían dotar de unas reglas consistentes al inglés. Cualquiera que haya intentado estudiar o enseñar este idioma podrá corroborar el fracaso de estos valientes.

Lo que hacen las Academias, de forma más o menos acertada, es recoger el habla de su momento e intentar poner claridad en ella, lo cual es radicalmente distinto a lo que tratan de hacer estas guías de lenguaje no sexista. Las Academias intentan plasmar un cambio en el idioma, incluso preservar una forma que consideran correcta, pero no pretenden hacer progresar nuestra manera de hablar. Las pequeñas modificaciones de la gramática de la RAE producen unas controversias fuertes y a menudo justificadas. ¿Qué polémicas no va a suscitar un texto que ni siquiera ha sido redactado por filólogos? ¿Se imaginan una normativa hospitalaria redactada por historiadores del arte?

Las reacciones al comunicado de la RAE han sido variopintas. Incluso los partidos políticos – cómo no – se han pronunciado, generalmente criticando la postura de los académicos. Que los partidos políticos apoyen o rechacen lo que diga la RAE es tan inconsecuente como si sacan un texto contra la teoría de la relatividad. La lingüística tiene unas reglas – tendencias, si prefieren – que no puede alterar un manual. A pesar de que los políticos de todos los partidos en España llevan años abriendo sus mítines con un cacofónico “compañeros y compañeras”, aún no he visto que la fórmula se utilice en la calle (salvo cuando un indignado se hace con un megáfono y pretende emular a los políticos a quienes critica).

Las guías de lenguaje no sexista convierten a nuestro pobre idioma en herramienta ideológica, en lugar de una expresión que se puede estudiar incluso para diagnosticar una actitud social problemática como es el machismo. Tratar de modificar el lenguaje en lugar de la actitud es como querer cortarle la cabeza a un enfermo de migraña.

De amicitia et politica – Letras Libres

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“Para que dos hombres sean íntimamente amigos deben atraerse y rechazarse sin cesar por algún concepto: se necesita que estén dotados de genios de igual fuerza, pero de diferente especie; de opuestas opiniones, pero de principios semejantes; de odios y de amores diferentes, pero de la misma sensibilidad en el fondo; de temperamentos contradictorios, pero de inclinaciones idénticas; en resumen, de grandes contrastes de carácter y de grandes armonías de corazón.”

El Genio del Cristianismo, François-René de Chateaubriand

Jorge Semprún no era demasiado amigo de los prólogos. De los pocos que escribió queda uno clavado en mi memoria, que aparece en la biografía que hizo Carlos Abella del genial torero Luís Miguel Domingín. Dice Semprún que a pesar del disgusto que le producían la amistad y el respeto que sentía el torero por el general Franco, quería escribir un prólogo “por el deseo y la nostalgia de un vínculo fraternal por encima de las peripecias de la vida, de sus avatares.”

Dominguín compartió amistad con Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Julio Camba, Pablo Picasso o Salvador Dalí; gente de ideas políticas tan dispares como controvertidas. Pero él, al fin y al cabo, no se significó especialmente. Más llamativos aún son dos personajes como Marcelino Menéndez Pelayo y G.K. Chesterton, que a pesar de su afición a la disputa intelectual mantuvieron la amistad de gente tan alejada de su pensamiento como Clarín, Benito Pérez Galdós, Juan Valera, Pío Baroja o Felipe Trigo, el primero; y de George Bernard Shaw, H. G. Wells o Bertrand Russell, el segundo. Hay más casos de sonadas amistades que perviven a pesar de fuertes desacuerdos políticos, como la de Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis, o la de T.S. Eliot con Ezra Pound.

Otras historias rompen ese misterio que tiene la amistad entre personas discrepantes. J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis se pelearon por razones teológicas, Sartre y Camus por culpa del comunismo, Norman Mailer quiso dilucidar diferencias de política exterior con un miembro del gobierno de Lyndon B. Johnson a puñetazos. Yo publico un puñado de artículos en distintos medios cada mes que por fortuna o por desgracia pasan tan desapercibidos como la mayor parte de la sección cultural de cualquier medio, pero en cuanto mento elogiosamente la producción de algún escritor fascista (como lo fueron Camba y Foxá), me gano una serie de insultos de desconocidos y (ex) amigos que me dejan rascándome la cabeza ante el ordenador. Y eso que quitando a falangistas y comunistas, en España casi nos quedábamos sin literatura del siglo pasado.

Ayer mismo, un amigo me enviaba alarmado un artículo de The Guardian que informaba de que la policía británica recomendaba a los ciudadanos de ese país denunciar la presencia de anarquistas en su vecindario. En España, no resultan menos espectaculares las denuncias de ciertos periodistas de derechas ante el movimiento anticapitalista de indignados en España, que suponen lanzado y financiado secretamente por el candidato socialista a la presidencia, Alfredo Pérez Rubalcaba.

El diario El País gusta de publicar artículos que avisan de un supuesto auge de la extrema derecha, a pesar de que la Falange Española, el partido de extrema derecha más votado, contó en las últimas elecciones generales con tan solo 14.000 votos (el 28 de España). Ante esta realidad, existe otra tendencia consistente en denunciar que toda esa extrema derecha (seguidores por igual de Franco, Bush y el Tea Party) se encuentra dentro del Partido Popular. El diario incluso alberga un blog, llamado El Ojo Izquierdo que promete sumergirse “en lo más profundo de la derecha española, tan vociferante y venenosa.” Aparecen allí retratados con regularidad columnistas de toda la prensa de derechas española. Una bitácora polémica, aunque de allí a llamar al periódico más vendido de España “gacetilla sectaria del izquierdismo cutre”, como hacía Hermann Tertsch en el diario ABC, hay un paso. La acusación favorita de todo periodista que se precie a los periódicos y políticos rivales es que promueven el odio y se mueven entre la estupidez y la maldad. Baste esta joya de Tertsch, tan culto como dado a los excesos verbales: “La mentira ya no era eficaz y la remontada imposible. Ahora llega el tiempo del miedo. Están dispuestos a utilizar todos los medios del Gobierno y el Estado para acabar con el rival.”

Fuera del mundo del periodismo, la convivencia no es mejor. La cantante indie Russian Red se declaraba de derechas en una entrevista y saltaba una enorme polémica que su compañero de profesión Nacho Vegas zanjaba diciendo que “cualquiera que se declare de derechas ha de ser un cretino o un cabrón”. Por otro lado, la jovencísima poeta Luna Miguel escribía en un arranque de lirismo fallido publicado en el diario Público que ante la inminente victoria del Partido Popular en las próximas elecciones generales no podía “hacer el amor sin pensar en los próximos cuatro años de retroceso y penita”.

Tan mal estamos, que la situación política nos induce a la denuncia y nos impide hacer el amor sin ser asaltados por imágenes de un país gobernado por malvados derechistas o ignorantes progres. El adversario político no defiende posturas contrarias, sino que viste diferente, vive en barrios diferentes con colegios diferentes y pasa los domingos en lugares diferentes – rezando a Sarah Palin mientras la familia se reúne para sacarle brillo a su arsenal de armas, o despiojándose las rastas antes de acudir a un recital de bongos etíopes. Convertir en puro símbolo al contrario dificulta entablar conversaciones con él.

No pretendo ser relativista. No sólo pienso que algunas ideas políticas son aberrantes, sino que comparto la tendencia de la mayoría de los mortales de razonar que éstas son justamente las que no coinciden con las mías. Pero a pesar de que tipos como Hamsun, Céline, Neruda o Cortázar tomaran decisiones políticas tan equivocadas, me hubiera gustado enormemente conocer a cualquiera de ellos. Hemingway, un hombre de izquierdas, insistía en que Ezra Pound “ defiende a sus amigos cuando alguien les ataca, les introduce en revistas y les saca de la cárcel. Les presta dinero. Escribe artículos acerca de ellos. Les presenta a mujeres ricas. Convence a editores para que les publique. Se pasa la noche con ellos cuando dicen estar muriendo. Les paga las facturas del hospital y les convence de que no se suiciden.”

Me gusta también la anécdota que narra Plinio Apuleyo Mendoza acerca del encuentro entre Carlos Alberto Montaner y Gabriel García Márquez, quienes se conocieron en una cena. Antes de marcharse Apuleyo Mendoza y Montaner, García Márquez se llevó aparte al primero y dijo, “qué tipo tan formidable es Montaner. Caramba, lástima que sea anticastrista”. Al subirse ya los dos amigos al coche, fue Montaner quien comentó que “Gabo es maravilloso, que simpática su conversación. Lástima que sea castrista”. No hay sólo admiración recíproca en la historia, sino también una nostalgia como de quien dice: ‘nunca más nos volveremos a ver’. Queda ese paréntesis, ese momento fugaz de entendimiento entre dos personas que, como Semprún, han sentido el deseo del vínculo fraternal por encima de los avatares de la vida, aunque estos se hayan hecho presentes al final de la noche y para siempre.

De Política y Amistad, artículo publicado en Letras Libres.

John Cage: Lo más lento posible – Letras Libres

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Se celebró el viernes en la Iglesia de San Burchard de Halberstadt un cambio de acorde en la composición de John Cage As slow as possible. Se trata de una pieza para órgano que se lleva tocando en una iglesia alemana desde 2001 y que durará hasta el año 2639. Los cambios de acorde – como la del viernes – se pueden producir con una diferencia de unos meses o de varios años, y son verdaderos acontecimientos. Aunque se puede reservar online para asistir a un cambio de acorde, no hay ninguna plaza libre hasta el 2091.

Hace trece años, el organista sueco Hans Ola Ericsson y el compositor alemán Jacob Ullman idearon la representación de As slow as possible, montando la maquinaria para que un órgano pudiera mantener un sonido constante durante 638 años y buscando un lugar ideal para la representación. Lo encontraron en la Iglesia de San Burchard del pueblo alemán de Halberstadt, que tras unos gloriosos comienzos templarios y posteriormente cistercienses, vivió una serie de infortunios – que incluyen 3 inundaciones, varios fuegos, rapto y asesinato de monjas en la Guerra de los 30 Años y la secularización forzosa de Napolén – que culminaron en la transformación en porqueriza que llevaron a cabo los comunistas tras la Segunda Guerra Mundial.

Recuperada la iglesia, la representación comenzó con una pausa de dos años, algo propio de la música de Cage, quien definía la música diciendo que su material “es sonido y silencio. Integrar estos elementos es componer”. Hasta tal punto llegaría su interés por el silencio que en 1952 compondría la célebre obra 4’33’’, en la que se mantiene un silencio de 4 minutos y 33 segundos. En sus silencios, como en sus notas mantenidas ad infinitum, Cage pretende que el público descubra alguna cosa. No algo que esté, ciertamente, dentro de la obra, sino dentro de ellos mismos: la obra es el espacio ritual que permite este descubrimiento.

Así, los multitudinarios eventos que se forman para presenciar un cambio de acorde en As slow as possible no podrían estar más alejados de la estética de Cage, aunque sí estarían directamente relacionados con su sentido del humor juguetón. Pero el alma de la obra, por así decirlo, se encuentra en todos esos días en los que no hay un cambio de acorde, sino que un sonido constante emana de la Iglesia de San Burchard, recordando a las Isocrátimas (notas graves que acompañan una melodía de música bizantina) o los cuencos tibetanos, cuyo sonido prolongado invita a la meditación y hasta al trance.

Aunque Cage mismo se negaría a invitar a nada en particular. Él defendía el aburrimiento como principal estimulante del genio. ¿Qué puede haber más aburrido que un silencio prolongado o una nota que dura varios años? Inmersa en ese tedio, la mente comienza a vagar, y en tal estado puede dar con alguna ocurrencia genial. O nos daremos cuenta de algo diferente: “Si algo resulta aburrido tras dos minutos, pruébalo durante cuatro minutos. Si sigue siendo aburrido, durante ocho. Luego dieciséis. Luego treintaidós. Antes o después uno descubre que no es en absoluto aburrido.” Habla de descubrir la esencia del silencio y del ruido.

Lo que otros consideraban ruido, Cage creía digno de ser escuchado, asegurando que cualquier sonido resulta fascinante si se presta la atención adecuada. El sujeto pasivo puede pasar a ser activo ante el el estruendo de una fábrica, con sus ritmos escondidos; o en una representación del 4’33’’, en la que el oyente se dará cuenta que ese supuesto silencio es en realidad inexistente porque queda el movimiento de una silla, la respiración, el latir del corazón.

Preguntado uno de los organizadores por el sentido de la obra, responde: “No significa nada, simplemente está allí”. La respuesta resulta muy adecuada tratándose de una obra de Cage, a la que tendrá que otorgar un sentido cada miembro del público. Éste irá desde el desprecio hasta la apreciación por el original uso que hace el compositor de su material, pasando por una ocurrencia cualquiera que florece en un momento de aburrimiento de los muchos que disfrutaremos hasta el próximo cambio de acorde en julio del año que viene.

Las Letras en el Campo – Letras Libres

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Cantaba Virgilio en sus Geórgicas “sobre el cultivo de los campos, de los ganados y de los árboles, mientras el gran Cesar esgrimía el rayo de la guerra en las orillas del hondo Éufrates, dictaba vencedor sus leyes a los pueblos domeñados y se abría el camino del Olimpo.” El poeta lombardo forjaba versos pastoriles entre la sosegada velocidad de la naturaleza, mientras en algún lugar de la lejanía los eventos se sucedían con la rapidez de los hombres.

José Jiménez Lozano, premio Cervantes 2002, me atiende por teléfono desde su casa de Alcazarén, una villa castellana de menos de mil habitantes. Nos dice que las ventajas de escribir en un pueblo “dependen de las preferencias de cada uno. Me gusta la naturaleza, la gente del pueblo, el castellano que hablan. Para mí todas”. Seguimos hablando de la escritura y de los escritores, de los que encuentran una voz propia y de aquellos que son simple altavoz a la opinión mayoritaria de tu tiempo. ¿Es más fácil encontrar una voz propia alejado de corrientes mayoritarias de opinión? Me dice que igual sí, aunque su duda encierra también el reverso de la afirmación. Me da la sensación de que la experiencia le aleja de la tentación de dar fórmulas. “Yo he vivido en Madrid y en Valladolid, y es igual una abadía que un sitio lleno de ruido si sabes lo que quieres escribir.”

Pregunto a Juan Soto Ivars, un escritor de 26 años a punto de publicar su primera novela en Ediciones B. Ha estado varios meses encerrado en un piso familiar de la región de Murcia. Alude a su propia juventud: “Al menos para un escritor joven, para escribir es necesario aburrirse porque la vida tiene alicientes mucho más excitantes que enfrentarse a la quimera de una novela. Pero cuando por impaciencia nos empecinamos en alejarnos de la vida y encerrarnos en la literatura, ayuda estar alejado de la ciudad y sus cantos de sirena para la distracción.” Sin embargo, en cuanto ha acabado la novela, ha vuelto a la ciudad: “La ciudad es necesaria para aprender. La imaginación se nutre de la experiencia, no es más que una forma original de combinar recuerdos.” Y remata: “Detestaba el pueblo para vivir hasta que lo necesité para escribir.”

Pero también hay editores que practican su oficio alejados de la ciudad. Jacobo Siruela, dueño de la editorial Atalanta, vive y trabaja en una masía del Ampurdán gerundense. Harto de la vida apretada, ruidosa y contaminada de la urbe, me dice que “las ciudades son para visitar, no para vivir.” Me enumera las ventajas de la vida en el campo: “Un incremento considerable de la calidad de vida y una distancia que te da una perspectiva más clara y serena de las cosas. Si sabes lo que quieres hacer y con quien estar, el campo te permite vivir tu vida con mayor concentración.” Siruela niega que el aislamiento y la rutina sean problemas en el campo: “No estás aislado, pues ahora las únicas comunidades que existen son las virtuales. Además la naturaleza es todo menos rutinaria. Una mañana mil abejas pueden intentar construir su nuevo habitat en tu estudio, o amanecer una mañana, como sucedió a mi mujer, con un suave murciélago durmiendo junto a tu cara. Ahora bien, hay que tener muy claro lo que quieres hacer allí, ya que no hay distracciones.”

También en el campo catalán viven Olga Martínez y Paco Robles, dueños de Candaya. Se trata de una editorial independiente de Les Gunyoles, un pueblo del Penedés de sólo 237 habitantes. “Aquí tenemos el ordenador que nos conecta al mundo, un pequeño almacén, una espaciosa biblioteca, una mesa bajo una parra que invita a la conversación y una habitación reservada para los escritores que nos visitan.” Todo lo que necesitan. Admiten acudir a Barcelona al menos una vez por semana y viajar mucho para promocionar sus libros, tras lo cual “se agradece un periodo de sosiego, lectura y reflexión (y por qué no, de cuidado del huerto y del jardín) del que podemos disfrutar plenamente en Les Gunyoles.” Niegan que el campo sea un páramo cultural. Mencionan el arte de elaborar vino y cava, un restaurante que sólo sirve comida medieval y una librería, un festival de jazz y un cineclub en Vilafranca del Penedés, localidad cercana.

De vuelta en Madrid, me acerco a la Feria del Libro y acudo a la caseta de Atalanta. Allí encuentro los Escolios de Nicolás Gómez Dávila, quien escribe que “quienes gimen sobre la estrechez del medio en que viven pretenden que los acontecimientos, los vecinos, los paisajes, les den la sensibilidad y la inteligencia que la naturaleza les negó”. Especulo con volver a llamar a los entrevistados para comentar la figura del ermitaño con el que nadie parece identificarse; curiosear con ellos acerca de otros habitantes del campo y de cosmopolitas ávidos de alejarse de la ciudad. Pero he perdido toda la mañana entre casetas y tengo que sentarme a escribir este artículo: no hay tiempo. Me pregunto si dispondría de más en el campo.

Apuntes sobre la hispanidad con Agapito Maestre en Letras Libres

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“Ahora sí que están unidos el nuevo y el viejo mundo,

Y sólo están divididos por un viejo mar profundo”

Antonio Valente (1530 – 1585)

Me cita Agapito Maestre en el centro de Madrid para hablar de su libro de ‘Meditaciones de Hispano-América’, que acabo de leer. A media charla, interrumpirá nuestra conversación Iñaki de Miguel, editor e hijo del eminente sociólogo Amando de Miguel; que prepara la reedición de la continuación de las Meditaciones, ‘Viaje a los ínferos americanos’. Ambos trabajos son recorridos por la cultura en lengua española que ahora, desde la antigua capital del Imperio, nos sentamos a glosar.

La inmensidad geográfica de los países de lengua española cuenta con un centro espiritual, que es su cultura. No ignoro que dicho concepto es polémico, tanto más porque como dice Maestre, “en el mundo hispano, el centro está en la periferia y la periferia está en el centro.” Recuerda una exposición transatlántica que se llamó ‘Identidades Compartidas’. “No son identidades compartidas: ¡Es la misma identidad!”. Él lo tiene claro: “La batalla la han ganado aquellos que niegan la entidad de la cultura española. Curiosamente quienes niegan eso son los propios hispano-americanos, tanto desde el otro lado del océano como de éste.”

Cita el autor en sus Meditaciones de Hispano-América a Séneca: “Vergonzoso es dejarse arrastrar y no guiarse, y en medio de la corriente de los negocios preguntarse con estupor: ¿Cómo he llegado aquí?” ¿Cómo hemos llegado a la idea, que tiene como algo de concesión, de las identidades compartidas? De todos los imperios, el español es el único que se planteó la cuestión imperial desde un punto de vista moral, de qué hacer y cómo actuar en el nuevo mundo. Esto dio pie a muchas cosas positivas, pero también al indigenismo y la leyenda negra, que junto con la situación política española del siglo XIX deriva en un complejo de culpa a este lado del Atlántico. “Eso no existía antes”, sentencia Maestre.

Pero hay razones para la esperanza: “Nuestra cultura es tan inmensa que a pesar de que nos estamos suicidando permanentemente, permanece.” Los escritos de Agapito Maestre van encaminados entonces, no a rescatar la cultura en lengua española, sino a luchar contra ese estéril proceso de persistentes suicidios. “No podemos recibir la cultura en lengua española como niños bien, sino que tenemos que intentar ser merecedores de ella: es decir, leerla.”

Para ello, Maestre nos da una serie de claves, entre las que destaca la idea de que la cultura en lengua española es genuina cultura universal desde el primer momento, aunque hasta la universalidad puede ser particular. “Las bases de la cultura en lengua española están fundamentadas en la continuidad y a pesar de que por motivos políticos hemos intentado fragmentarla o señalar sus discontinuidades, sigue siendo una sola y quizás eso ha sido la gran aportación de las obras de Alfonso Reyes, Octavio Paz, Luis González González y sus discípulos, como Enrique Krauze o el que a mi juicio es uno de los más grandes críticos de la cultura en lengua española: Gabriel Zaid.”

Maestre hace un constante esfuerzo por rescatar autores de las constricciones de la ideología y denuncia la incomprensión hacia los nuestros que viene del intento de categorizar demasiado estrechamente su pensamiento. La lista de incomprendidos u olvidados llega hasta nuestros días y pasa por Zambrano, de quien Maestre escribió una semblanza filosófica; por Pérez Galdós, Menéndez Pelayo, Ortega y Gasset, José Gaos o José Luis Garci. No hay sitio para todos en las páginas escritas por Maestre: estarían también Agustín de Foxá, Luis Vives, Pío Baroja, Felipe Trigo… El ostracismo podría ser un monstruo salido de las páginas del Criticón de Gracián, un esperpento que ignora a los mediocres y devora a los genios.

Sorprende ver a un autor español que mira tanto hacia Méjico, Argentina o Venezuela. “Hemos mirado al otro lado a veces con un absurdo complejo de superioridad, porque dentro de nuestra cultura en lengua española el rol de Méjico o Argentina es más importante que el nuestro. Es tan disparatado que han dejado de venir miles y miles de hispano-americanos a las universidades españolas que antes sí venían”. Este moderno talante que niega el mestizaje hispano-americano resulta tan dañino como el indigenismo, y no deja de ser un nuevo suicidio dentro de la sucesión que indicábamos antes. Frente a ambas tendencias, queda la cultura; y visiones como la de Maestre que pasan por ensanchar ésta tanto hacia autores determinados como hacia una visión global y universal de la hispanidad.

‘Meditaciones de Hispano-América’ fue reeditado por Escolar y Mayo en 2010. Su continuación, ‘Viaje a los ínferos americanos’ será reeditado por Holo Narrativa y Ensayo en marzo de 2011.

 

Felipe Trigo en Letras Libres

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En contra del lugar de Felipe Trigo en la posteridad jugaron varios factores. Fue para empezar demasiado popular, pecado mortal para el escritor que quiere ser respetado en su época. También fue pionero del género erótico en la literatura española, y aunque este tipo de novelas representaran solo una porción de sus libros, se granjeó la fama de escritor de subgénero, con todo lo que ello conlleva. Su afición al erotismo, y su franco tratamiento de la temática sexual en otras novelas lo condenaron a ojos de una parte de la sociedad. Se le acusó de corruptor de menores y de pervertir las costumbres. Finalmente, y probablemente sea este su mayor pecado, se declaró monárquico, individualista, socialista y krausista –no en distintos periodos de su vida, sino todo a la vez. En España, donde cada régimen elige a qué escritores reivindicar según el ánimo político del momento, Felipe Trigo siempre fue considerado un heterodoxo, y fue ignorado por republicanos, franquistas y demócratas.

Nacido en Villanueva de la Serena (Badajoz) en 1864, pronto cursó estudios de medicina y comenzó a ejercer en pueblos. De esta experiencia germinarían posteriormente sus dos grandes novelas: El médico ruralJarrapellejos. Pero antes de escribirlas pasaría a alistarse como voluntario en Filipinas, de donde volvió convertido en héroe nacional. La publicación de Las ingenuas, donde relataba sus experiencias en el Fuerte Victoria, lo convirtió en un instantáneo bestseller. Corría el año 1900, y en 16 años le daría tiempo a publicar 17 novelas y varias novelas cortas y relatos. Tenía 52 años cuando se suicidó de un disparo.

No se conocen los motivos de su suicidio. Las causas con las que más se especula son la depresión, un trastorno bipolar o el miedo a volverse loco. Sus novelas no son, desde luego, amables. Tienen un aire barojiano, mezclando acción con disquisiciones filosóficas, pero con un toque naturalista que le valió las loas de Emilia Pardo Bazán. Su estilo de escritura anárquico, valiéndose de un lenguaje ágil y coloquial, trufado de regionalismos extremeños, fue criticado por Clarín. El propio Felipe Trigo explicaba su ideal lingüístico así: “palabras breves, rápidas, bien cortadas, las menos posibles (…) las más conocidas y sobre todo las menos majestuosas.”

Sus libros se leen a veces como un cuento de terror, donde sabemos que algo acecha pero el horror solo se hace corpóreo mediante pequeños detalles: la hitchcockiana plaga de langostas al principio de Jarrapellejos o el ojo inflamado del paciente enfermo de El médico rural. Son eventos naturales, científicos, que confirman y desmienten a la vez que Felipe Trigo fuera simplemente un médico que escribía, como daba a entender Gonzalo Torrente Ballester. En lo que sí acierta el maestro gallego es en decir que Felipe Trigo “está en desacuerdo con su tiempo”. En efecto, Trigo odiaba a los poderosos y a la turba, se burlaba tanto de las reformas republicanas como del caciquismo. Así, es normal que fuera ignorado por los caciques y los revolucionarios que se disputaron España a lo largo del siglo pasado. Y es por eso que vale la pena volver a sus historias inquietantes, en las que se oye un ruido en la lejanía: “Un ciervo herido, tal vez. Una bestia apocalíptica.” Algo que ronda a los lugares y a los personajes, algo podrido que permanece y se niega a marchar. La vida no se interrumpe, pero se deteriora, impasible ante las acciones de los personajes, sean buenas o malas.

Esta situación es reflejo de la que vivió el autor. La guerra en Filipinas, la pérdida de las colonias y la decadencia de España son los ejemplos históricos de ese deterioro que Trigo vio avanzar incesante y para la que no vio solución. Su cuerpo fue encontrado en su chalet madrileño el 2 de septiembre de 1916. Dejó dos novelas póstumas y otra incompleta con un título tan malo como irónico: Murió de un beso.

Fuente: Letras Libres

Una breve historia de los crooners soviéticos – Letras Libres

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Cuando un planificador central lo controla todo, como sucedía en la URSS, tiene que ocuparse no sólo de temas económicos, sociales y políticos, sino de algunos mucho más graves. Del ocio, por ejemplo. La intelectualidad marxista de Europa occidental se hartó en su día de ensalzar a los grandes directores de cine y al puñado de escritores y compositores que dio la Unión Soviética. Pero no siempre iba a vivir el proletariado de Eisenstein, Gorki o Prokófiev. Porque, no nos engañemos, estos artistas gustan más al intelectual progre que al obrero medio, que tras un duro día de asemblar piezas para el Zaporozhet, previsiblemente no tendrá el estómago de soportar las tres horas de metraje de Solaris. Estados Unidos, el otro actor en la escena del imperio mundial por aquellos días, libró a sus dirigentes, mediante el libre mercado, de tener que planificar el asueto de sus conciudadanos. Estos, a pesar de profesores y estudiantes de universidad, eligieron ignorar a John Cage y Steve Reich mientras se despiporraban en los conciertos de grandes crooners como Frank Sinatra, Dean Martin o Nat King Cole.

El sino de Rusia en ese siglo XX fue darse cuenta tarde de que tenía que seguir el camino, a su manera y a su pesar, que iba marcando Estados Unidos. El régimen comprendió que no podía alimentar las ansias de recreo de su masa de asalariados con sinfonías de Shostakovich. Así, comenzó a organizar festivales de canto en los que se adaptaba el estilo crooner occidental a temas soviéticos, con algún toque regional según el lugar de procedencia del intérprete. Ejemplo de esto es el nuevo fenómeno viral en internet protagonizado por el crooner Eduard Khil, de ya casi 80 años. El vídeo en cuestión muestra a Khil interpretando en la televisión soviética su tema Я очень рад, ведь я, наконец, возвращаюсь домой (“Me siento dichoso, ya que por fin regreso al hogar”) y ha recibido varios millones de visitas en Youtube.

El propio Khil explica que originalmente, él y su compositor habían escrito una letra para la canción, que al final no desvelaron por miedo a la censura. De allí los extraños arreglos vocales y el rebautizo que ha hecho la comunidad 2.0 de la canción: “Trololo”.

Khil, desde hace unos meses el crooner soviético más famoso del planeta, no siempre ha disfrutado de este lugar de preferencia. Ese honor lo mereció antes Georg Ots, crooner estonio sobre el que se produjo un biopic que se estrenó el año pasado. Los productores, estonios y rusos, esperaban con este film mejorar las relaciones entre ambos pueblos, tensas desde la caída del muro y la independencia de Estonia. Ots, que sigue estando entre los artistas más vendidos, no sólo de Estonia, sino también de Finlandia, murió en 1975, víctima de un cáncer. Su carrera, que comenzó como intérprete de ópera en el Bolshoi, y que pasó también por el cine, está marcada por la búsqueda de las raíces musicales del folk estonio y ruso. Tal es su popularidad, que científicos rusos le pusieron su nombre a un planeta. Su voz, a pesar de ser considerado “el Sinatra soviético”, es mucho más académica y grave que la del italo-americano, y algo menos expresiva.

Más comunicativa, procedente del jazz y el pop, es la voz de Muslim Magomayev, como se puede apreciar en esta versión de “My Way”. Beneficiado con el título de más lustro de su país, Artista del Pueblo de la URSS, Magomayev también compuso la música de varias bandas sonoras de películas soviéticas y disfrutó de un gran éxito en el teatro Olympia de París a finales de los años sesenta. La Francia del 68, en los albores del antiamericanismo, se entusiasmaba con los rivales de Sinatra. Magomayev vendió 4 millones y medio de copias de su disco y acudió a Cannes para recibir un disco de oro. Varias casas discográficas occidentales le hicieron ofertas, pero el Ministerio de Cultura le negó el permiso, aduciendo que Magomayev tenía que regresar a la URSS para cantar al pueblo ruso. Regresó a Moscú en 1969, sin contrato, y murió en 2008 en su apartamento.

El único crooner soviético que ha rivalizado con Muslim Magomayev y Georg Ots, no sólo en popularidad, sino por el título de “Sinatra soviético”, es Iosif Kobzon. Nacido en Ucrania, llegó a cantar frente a Stalin, y aunque fue expulsado del Partido Comunista en 1983 por interpretar canciones judías, se mantuvo leal al régimen. Prueba de ello es que fue la primera celebridad en acudir a Chernobil para animar a la población, a la que brindó un concierto gratuito. Tras la caída del muro siguió su compromiso hacia la madre patria. Ha sido elegido parlamentario de la Duma ininterrumpidamente desde la caída de la URSS, a pesar de haberse enfrentado a acusaciones, como Sinatra, de mantener un trato demasiado amistoso con la mafia de su país. Kobzon, como Sinatra, se defendió diciendo que él cantaba para quien le pagara, sin importar a qué se dedicara. En 2002 negoció con terroristas chechenos durante la crisis de los rehenes en un teatro de Moscú, consiguiendo la liberación de cinco de los capturados. Y al igual que Ots, un homenaje luce para él en el firmamento, en la forma del asteroide 3399 Kobzon. Su voz, grave y operística como la de Ots, consigue sin embargo ser más conmovedora y melosa; a pesar de su actividad política, sigue desplegándola para sus admiradores varias veces al año.

Eduard Khil, nuestro héroe viral, ya ha tenido ofertas para irse a dar conciertos en los Estados Unidos. Confiesa que su mujer es reticente, ya que para ella aquel país sigue siendo el enemigo Número Uno. El gobierno ruso ya no se pronuncia, por supuesto. Pero a su edad, es posible que se le haya pasado el momento de dar el salto. Confiesa que ya pocas veces es capaz de cantar su “Trololo”, técnicamente muy complejo. Él es de los pocos crooners soviéticos que quedan ya, perteneciente a un país y una época sin régimen y con una fama que resurge hacia el final de su vida. Khil se toma su fama crepuscular con humor y dice disfrutar de la publicidad que reciben sus conciertos gracias a una canción “optimista”. “Cada país, y cada ser humano, entiende esta canción de forma diferente,” dice Khil, que ha pedido a sus seguidores que le envíen propuestas para poner al fin letra a “Trololo”. Y promete que, aunque le cueste, cantará la nueva versión y la colgará para deleite de sus seguidores en ese mundo abierto que es internet.

Fuente: Letras Libres