Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Archive for the ‘Filosofía’ Category

Agapito Maestre: una forma de pensar – Revista de Letras

leave a comment »

Sostiene Agapito Maestre que en ningún lugar se ha entendido e interiorizado la obra de Nietzsche como en Hispanoamérica. Si, como dice Nicolás Gómez Dávila, los grandes filósofos no nos enseñan qué debemos pensar, sino cómo debemos hacerlo, Nietzsche nos ofrece un enfoque metodológico que recupera inspirado por los presocráticos. Si estos exigían una explicación del universo para extraer de ella conclusiones morales pero sin depender de una demostración científica (como haría por ejemplo Demócrito con el átomo), Nietzsche encarna para Maestre la idea de que “no hay cultura, civilización, pensamiento al margen de la vida. Todos tenemos que personalizar la moral y el arte (…)”. No trabaja el filósofo alemán siguiendo un método científico, sino que explica las cosas como necesidad. Y son necesidad porque lo contrario es inhibirse de la vida. Si bien esta afirmación de la vida no obedece al método científico – por lo que se considera irracional – su defensa sí requiere “reflexión, drama, tragedia, escritura y procedimiento”. Así, en Hispanoamérica han sido muchos quienes han tratado de “captar y proseguir esa sutilísima verdad de Nietzsche: la cultura sin vida no es nada.”
Quizá sea por eso que los libros de Maestre, todos ellos, eluden caer en las trampas de cierta filosofía formal, en su excesiva búsqueda de la categoría y la jerga (a veces incomprensible, como en los conocidos casos de Judith Butler o Homi Bhabha). Tanto las Meditaciones de Hispano-América como el Viaje a los ínferos son textos a la vez profundos y accesibles. El primero podría ser una conversación y el segundo una narración, conectados ambos por la idea de la ida y la vuelta, como los cantes que se traían los flamencos de América. Son creaciones sin principio ni final, que cuentan con mil antecedentes – ¡el pensamiento hispanoamericano, nada menos! – y dejan abierto el campo para la discusión, para más libros, más reflexión. No sólo por parte de Maestre, sino también, gracias a su accesibilidad, a cuenta de cualquiera. Gusta el filósofo de citar obras y sugerir ideas que piden a gritos lectores que las desarrollen. Sirva de ejemplo esta observación acerca de la mencionada influencia de Nietzsche en nuestra cultura: “desde que, en 1902, Azorín publicara su obra maestra, La voluntad, hasta los cientos de estudios que hoy se dedican a Nietzsche en nuestras universidades y revistas culturales, pasando por los ensayos de Ortega, Zambrano, Felipe González Vicén o Savater sobre algún aspecto de la obra de Nietzsche, muy pocos son los filósofos o profesionales de la filosofía que no hayan visitado el texto nietzscheano, desde Alfonso Reyes hasta Octavio Paz, pasando por Borges, Gaos, Xiray y García Bacca, pocos son los ensayistas, poetas, narradores o filósofos iberoamericanos que no se hayan detenido en el creador de Así habló Zaratustra.”
Maestre viene a ser heredero de esta tradición en lengua española que “frente al positivismo dogmático, ha logrado que la poesía, la escritura sutil del alma, sea el último reflejo de la ansiada y verdadera geometría de los más elegantes antiplatónicos de todos los tiempos.” Y condensa esta idea tan propia de nuestra cultura con una frase lapidaria: “Escribir es vivir”. No estamos ante un filósofo que elabore complicados sistemas de pensamiento, sino ante uno que acude al ágora y habla con quienes se cruzan en su camino. Estos pueden ser gente de la calle, taxistas o libreros, o pueden ser creadores como José Luís Garci, Jorge Santayana o Sor Juana Inés de la Cruz, ante cuya obra Maestre no trata de elaborar una exégesis unidireccional sino que entabla fructíferos diálogos acerca de los más variados temas.
Incómodo ante el encasillamiento del género, porque habla de literatura y política, por ejemplo, como si fueran una misma cosa, los ensayos de Maestre no pueden englobarse bajo un epígrafe: resulta por ello mucho más exacto tratarlos de conversaciones o narraciones, como hacíamos más arriba. De ahí que la cosa política sea para él “más un sentimiento que una idea, [una] reflexión, a todas luces tentativa e inconclusa, (…) la democracia considerada como método resulta insustituible para actualizar nuestra quebrada libertad”. Una libertad que permite precisamente esta mescolanza de ideas, que posibilitan que la conversación, la escritura, la emisión de un voto – cristalicen en exactamente lo mismo: la experiencia vital. Una vida en comunidad, de encuentros y discrepancias que, como sus textos, nunca terminan sino que abren más caminos por los que el lector puede transitar libremente.
El Viaje a los Ínferos es una narración que nos lleva de Méjico hasta Cuba pasando por Venezuela, y en ella se entremezclan las experiencias de Maestre con las ideas que éstas le sugieren. Las Meditaciones de Hispano-América son el examen al que somete Maestre a un gran número de pensadores y creadores que él entiende que han configurado la hispanidad, de Menéndez Pelayo a Buñuel, de Goya a Pérez Galdós, pasando por muy especialmente Ortega y sus discípulos. Ambos textos se complementan y ante todo buscan ese diálogo que siga estructurando la idea de hispanidad, un tema a la vez particular y universal. Como dice Cioran, los filósofos españoles examinan España como problema propio, “una paradoja que les atañe íntimamente”. En la tensión entre lo íntimo y lo público germina esa filosofía que exigía Nietzsche, recogió Ortega y culminó Zambrano. Entre el narrador y su entorno nacen estas obras que son filosofía, es decir, vida.


AGAPITO MAESTRE: VIAJE A LOS ÍNFEROS. Holo (Madrid), 2011.
AGAPITO MAESTRE: MEDITACIONES DE HISPANO-AMÉRICA. Escolar y Mayo (Madrid), 2010.

Origen y presente de Jean Gebser, en Libertad Digital

leave a comment »

Jean Gebser publica Origen y Presente en los años 50, cuando el mundo ha salido de dos guerras mundiales y se encuentra sumido en la Guerra Fría. En este contexto, no sorprende que el concepto que examine sea el de crisis. Lo singular es la explicación que hace Gebser de ésta.–

El libro identifica distintas fases de la historia de la humanidad, que liga a profundos cambios de mentalidad en las personas. Estos dan pie a modificaciones en las ciencias, las artes y la filosofía. Cada cierto tiempo, la estructura mental anterior deja de ser útil y da pie a una época de cambio hasta la llegada del nuevo paradigma. Ejemplo de ello sería la perspectiva pictórica renacentista, que es una manifestación de una forma de entender el mundo que deja atrás la bidimensionalidad medieval. Los momentos de cambio de estructura mental en la humanidad dan lugar a grandes crisis, como serían en el siglo XX el triunfo del nazismo o el comunismo. Precisamente el siglo pasado es una época de cambio de las estructuras mentales, de un mundo mental a otro integral. Esto significa que si hasta ahora hemos ido atomizando el saber en distintas especialidades, en el futuro deberíamos aprender a aunarlas, aprovechando el saber de unas y otras, a la vez que surge una nueva estructura mental que engloba todas las anteriores.

El estilo y la filosofía de Gebser son más alemanes que el chucrut, y ante un libro de unas 900 páginas, éste es el resumen más sucinto posible. Se recomienda una lectura paciente con la abstracción y con una ristra de conceptos que nos resultan muy novedosos; decididamente abrumadores si no se toman con calma. Origen y Presente es un texto de una erudición impresionante, aunque con una idea del rigor sui generis que nos dejará rascándonos la cabeza ante afirmaciones como que la telepatía es un fenómeno sobradamente probado, o frente a ejemplos de filología creativa que a veces echan por tierra unas deducciones sólidas.

Asertos así reflejan lo mejor y lo peor del texto de Gebser. Por un lado, su valentía a la hora de tratar todo tipo de conceptos, sean estos académicos o no. Por otro, su tendencia a sacar conclusiones donde probablemente no las haya. Lo más brillante de Origen y Presente es su crítica a la modernidad y sobre todo al concepto de progreso, a pesar de que el nuevo mundo integral de Gebser tiene un aire a culminación idealista que a veces parece contradecir su misma crítica. El mundo no avanza, nos explica el autor de forma hegeliana, sino que el cambio de estructuras mentales provoca algunas mejoras y algunos retrocesos. Nuestra nueva estructura mental nos impide comprender las ventajas de quienes vivían con otras, y nos proporciona una falsa idea de adelanto civilizatorio.

Decir que el esfuerzo de Gebser es ambicioso es quedarse corto, ya que el autor alemán se atreve a analizar el cambio de estructura mental desde todas las disciplinas posibles, entre las que encuentra nexos de unión. El derecho, la sociología, la economía, la filosofía, la psicología, las matemáticas, la física, la biología, la arquitectura, la música, la pintura o la literatura son todas objeto de estudio del filósofo, con mayor o menor éxito. Igualmente titánica es la labor de José Rafael Hernández Arias, traductor del texto y autor del estudio y las notas del libro.

A pesar de que el texto pudiera parecer muy lejano, por el contenido y la forma de razonar, a un lector español, hay que resaltar el hecho de que Gebser vivió unos años en España (antes de la Guerra Civil), que realizó estudios acerca de Lorca y que fue amigo del poeta granadino, de Alberti, de Aleixandre, de Cernuda o de Guillén, además de buen lector de Ortega y Gasset. Su obra atraerá por ejemplo a lectores de Juan Eduardo Cirlot, quien en la misma década publicaba su Diccionario de Símbolos. Como dice su hija Victoria Cirlot:

“El impulso hacia lo que Cirlot denominó ‘ciencia de los símbolos’ procedía de la necesidad de alcanzar un ‘monismo intuitivo cósmico’ frente al ‘pluralismo descorazonador’.”

Por ende, la colección que dirige Victoria Cirlot junto con Amador Vega en la editorial Siruela, Árbol del Paraíso, contiene títulos de autores muy en consonancia con el enfoque de Gebser, examinando la conciencia humana y la realidad que subyace en lo intuitivo: Mircea Eliade, Maestro Eckhart, Gershom Sholem, Henry Corbin… Tomando un ejemplo más contemporáneo, la forma de analizar de Gebser guarda sorprendentes similitudes con el ensayo Gárgoris y Habidis de Fernando Sánchez Dragó, que opta precisamente por explicar cierta historia de España filtrada mediante esos cambios de mentalidad, que nos proporcionan una forma de entender los eventos pasados en cada momento histórico.

¿Y qué nos puede enseñar este estudio de la crisis respecto a la que vivimos hoy en día? Como crítica, muchas de las ideas de Gebser están vigentes, y resulta descorazonador ver cómo gran parte de las recetas que se nos presentan siguen estando fundamentadas en las mismas ideas que hace 100 años, básicamente en el concepto del paso adelante que nos facilitan las mentes iluminadas de la sociedad: economistas, burócratas y políticos. El texto deja claro que cualquier cambio debe venir de todas las esferas de la comunidad, y es producto  del pensamiento, no de la ley. Como receta para encontrar soluciones, pocos lectores tomarán las ideas de Gebser al pie de la letra, pero harían bien en dejarse impresionar por una de esas raras obras de filosofía con la imposible voluntad de abarcarlo todo.

50 razones para defender las corridas de toros, de Francis Wolff – Burladero

leave a comment »

Circulaba a las puertas de la Monumental de Barcelona, junto con las recogidas de firmas contra la prohibición y los ‘antis’ dando el espectáculo en pelotas, un librito en francés escrito por el filósofo Francis Wolff. Se llamaba 50 raisons de défendre la corrida y alguna gente lo vendía, no sé si con permisos oficiales o con las taurinas artimañas del reventa. Cuando parecía que los interesados lo íbamos a leer en edición francesa o mediante traducción googlera – ríase usted de los del PCE en la dictadura – llega la editorial Almuzara y publica una edición a bajo coste (5€) y con una buena traducción. ¡Loados sean!

Wolff, que se foguea en las universidades más prestigiosas de Europa (a saber: La école normale supérieure, la París X y Oxford) defiende la tauromaquia de manera rigurosa, explicando por qué las teorías animalistas son falsas y proporcionando argumentos a favor de la pervivencia de la fiesta taurina. En esta época relativista, existen pocos actos más escandalosos que calificar algo de falso, pero Wolff demuestra sin exaltación que los Mosterín y la tropa sin ropa no es que tengan una opinión distinta (igual de respetable y todo eso), es que están en el error. Baste leer cualquier texto o ver las apariciones televisivas del susodicho filósofo para, libro de Wolff en mano, desmontar una a una todas sus conjeturas. Como dice Wolff:

“Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es un argumento, es el imperio de algunas sensibilidades.”

No resonará con esta gente los argumentos de que los estudios hechos acerca del dolor del toro en la corrida ha arrojado pruebas en contra de las teorías animalistas, ni que el toro bravo vive mejor que cualquier otra res (y sobre todo, vive acorde con su naturaleza, ya que de todos  los mamíferos, el toro bravo es el único que no rehuye el castigo), ni que la prohibición acabaría con las dehesas, parajes naturales únicos, y con una raza animal entera del que sólo el 6% muere en el ruedo; el mismo 6% que mantiene a toda la especie viva. Es decir, que los argumentos animalistas chocan con los argumentos ecológicos. Repasar los cincuenta argumentos tampoco es tarea de una reseña, pero baste decir que el argumento animalista choca también con el científico, el cultural, el humanista o el ilustrado; y que todos ellos los esgrime Wolff con naturalidad.

Comienza el libro con dos admoniciones:

“¿Le gustan las corridas de toros? ¡Sepa defenderlas!

¿No le gustan las corridas de toros? ¡Sepa comprenderlas!”

Y con esa idea nos quedamos. El libro de Wolff es una contribución a elevar el nivel del debate, y tanto los taurófilos como los escépticos podrán encontrar información y razonamientos suficientes como para poder hablar sin decir tonterías, y asegurarse al menos que las discusiones fuera del parlamento sean inteligentes. Porque, por mucho que se empeñen los animalistas, los hombres somos – deberíamos serlo – distintos al resto de los animales.

Fuente: Burladero

Viaje a los Ínferos de Agapito Maestre en Libertad Digital

leave a comment »

Hispanoamérica es un lugar para ser leído y vivido, un espacio geográfico como aquellos que reproducía Borges a pequeña escala y cuyas posibilidades se multiplican con cada lectura, con cada vivencia. Así lo entiende Agapito Maestre, que en su Viaje a los ínferos proyecta la narración a partir del punto de fuga que marcan pensadores, lecturas y lugares. Estos le llevan a través de un texto libérrimo, claro y profundo.

Digo ‘narración’ porque el libro de Maestre es un ensayo filosófico en apariencia, pero sus cualidades narrativas lo acercan a la novela de ideas de un Robert Musil o a los diarios de Josep Pla. “Pensamiento que emana de la escritura”, como diría Gabriel Zaid de Alfonso Reyes, aunque en este caso habría que añadir: de la escritura y de la experiencia. Maestre nos lleva por un viaje desde Méjico a Cuba pasando por Venezuela, donde imparte conferencias, habla con taxistas o asiste a obras de teatro. Todo ello para cogerle la temperatura a la otra mitad de Hispanoamérica y llegar a la conclusión de que España y la América hispana comparten la misma cultura. Que se lo digan si no a Valle-Inclán, a José Gaos, y sobre todo a Alfonso Reyes, quizá el primero en recoger esta idea:

“Si el orbe hispano de ambos mundos no llega a pesar sobre la tierra en proporción con las dimensiones territoriales que cubre, si el hablar en lengua española no ha de representar nunca una ventaja en las letras como en el comercio, nuestro ejemplo será el ejemplo más vergonzoso de ineptitud que pueda ofrecer la raza humana”

Imposible leer esta frase sin desencanto, quizá aminorado por compartirlo con el propio Reyes, quien sin duda no la escribía desde la esperanza. E insiste Maestre en esto mismo:

“La anchura de México no podía entenderse sin la de Castilla”.

Este viaje empieza ante el Convento de las descalzas de Antequera en Málaga y nos encamina hacia Oaxaca, su ciudad hermana en Méjico que se fundó con el mismo nombre de la ciudad española. Al final del libro encontramos otro reflejo, el de una imagen fotográfica:

“Porque la tiranía cubana es sólo un icono, caído éste, todo quedará hecho añicos. Sí, muerto Castro, sin duda alguna, los esclavos, los fotografiados del mundo, querrán liberarse de las cadenas que el tirano les impuso. Quien tenga una foto con Castro la esconderá porque ya no le reportará nada.”

Si lo bueno de nuestra cultura tiene su reflejo a la otra orilla del Atlántico, lo más abyecto lo tiene en la nada. Diferenciar espejo de espejismo es la enorme labor que tenemos por delante los hispanoamericanos, la que quizá nos ponga en la senda que marcaba Alfonso Reyes.

Absténganse de este libro aquellos que sólo entienden la filosofía como el esotérico juego de categorías creadas por los posmodernos; el Viaje a los ínferos es un texto filosófico que está ahí para ser recogido, comprendido y compartido. Nada que ver con esas modernas academias que sustituyen el rigor por la problemática de palmadita en la espalda. No por accesible resulta este libro fácil; siempre que el lector se siente cómodo con una opinión de Maestre, llega él a llevarnos la contraria o a llevársela a sí mismo, que en literatura a menudo es lo mismo.

Me decía Agapito Maestre en una entrevista que le hice en Letras Libres a raíz de su libro Meditaciones de Hispano-América que “no podemos recibir la cultura en lengua española como niños bien, sino que tenemos que intentar ser merecedores de ella: es decir, leerla”. Tanto las Meditaciones como el Viaje a los ínferos son guías para hacer; guías porque no sólo abren puertas sino que nos cuentan el camino que ha seguido el autor y nos sugieren el que podemos tomar nosotros. Guías para visitar Hispanoamérica y ser merecedores de su cultura.