Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Archive for the ‘Economía’ Category

Heinz Wolff y su Care4Care: buscando soluciones en la comunidad – Gradientes

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El futuro para el profesor Heinz Wolff, fundador del Instituto Brunel de biotecnología de la Universidad de Brunel, se resume en dos palabras: frugalidad y mutualidad. De la frugalidad ya estamos teniendo pruebas en los países occidentales, pero ¿qué propuestas concretas existen en relación a la mutualidad? La iniciativa Care4Care, ideada por Wolff, podría ser un ejemplo del camino a seguir en el futuro.

Wolff sugiere que los países occidentales no van a poder competir en el futuro con los emergentes. En términos económicos, las razones que los están llevando a superarnos son las mismas por las que se mantendrán en una posición dominante. Sin embargo, Occidente, gracias a siglos de pensamiento y la sofisticación de nuestros centros de enseñanza, podemos competir en otras áreas: la cultura y la organización social.

Es más, Wolff propone que en el siglo XXI no serán la ciencia y la tecnología los factores de bienestar más decisios, sino la organización de la sociedad y lo que él llama sostenibilidad social. Se trata de utilizar la tecnología que tenemos a mano para depender menos de las estructuras económicas globales.

El plan de Care4Care consistiría en estimular a los jóvenes a realizar trabajos útiles para la comunidad a cambio de una contabilización de horas trabajadas. Estas horas podrán ser canjeadas en el futuro por la posibilidad de ser beneficiarios de los mismos trabajos sociales, realizados por generaciones posteriores. Estas actividades irían desde hacer compañía a personas mayores, acompañarlas de paseo, control de toma de medicamentos o asistencia con tareas cotidianas; hasta más especializadas, que requerirían una pequeña formación. Una hora trabajada equivaldría a una hora de asistencia en el futuro.

Wolff considera importante que éste no sea un esfuerzo gubernamental, sino un plan impulsado a más pequeña escala para que el empeño de las comunidades tuviera un impacto máximo. El gobierno seguiría concentrado en financiar el sistema de salud social, mientras que Care4Care (que sería una mútua) ocuparía el lugar de centros de mayores, en menor medida, pero sobre todo haría una labor de asistencia a personas mayores que de momento no cuentan con ella; un problema que sólo se verá agravado con el envejecimiento de la población.

Artículo originalmente aparecido en Gradientes.

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Written by pursewarden

enero 11, 2012 at 11:37 am

Economía básica para católicos, de Samuel Gregg – La Gaceta

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Samuel Gregg, experto en filosofía moral, ha escrito un libro para explicar los fundamentos de la economía a lectores no avezados, especialmente aquellos que buscan conciliar la preocupación por la justicia social con la vida en un sistema capitalista.

El libro consta de dos partes. En la primera, Gregg nos ofrece un ensayo sobre la historia de la economía; sus principales planteamientos y cómo han tratado esta disciplina distintos pensadores, especialmente cristianos. Dos ideas destacan de esta sección. Primero, que la solidaridad es una virtud que ha de ser practicada voluntariamente, producto de nuestro libre albedrío. No sorprende, pues, que la red social obligatoria sea fabricación de un país protestante, Alemania. Segunda es tratar la economía como una rama de la filosofía y no de las matemáticas. La economía, nos dice Gregg, puede y debe ser parte del pensamiento moral, y como tal, un católico no debe temerla sino comprenderla.

Contribuye a esta comprensión con la segunda parte del libro, una selección de textos de filósofos, eclesiásticos y economistas agrupados por temáticas; empezando por la propiedad, pasando por el comercio o los salarios y acabando con los impuestos, por aquello de que, junto con la muerte, son lo único inevitable en la vida. Esta selección, aunque incluye a todo tipo de autores desde Marx hasta von Mises, muestra claramente una tendencia libremercadista. Descubrirá el lector que la ausencia de tecnicismos y la elección autores preocupados por las esencias de la economía producen un corpus accesible, que no exige conocimientos previos.

Aunque encontraremos fragmentos de los Santos Tomás y Agustín o los escolásticos salmantinos, hay en la Economía básica para católicos más de economía que de teología. En ese sentido, se asemeja más a los estudios de escolástica de Grice-Hutchinson que a los escritos distributistas de Chesterton.

Se enmarca el libro dentro de la colección del Buey Mudo sobre economía que nos ha brindado libros tan estimables como el de Las raíces cristianas del libre mercado de Chafuén; La Iglesia y la Economía de Woods; o Los límites de la cordura de Chesterton, aunque el de Gregg sea el más sencillo de todos y nos ofrezca claves para comprender los demás. Un instrumento, en definitiva, para que el lector católico se posicione frente a los problemas básicos de la economía.

Los Límites de la Cordura, de GK Chesterton – Libertad Digital

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En Los límites de la corduraG. K. Chesterton muestra su aversión hacia el capitalismo de la época y el comunismo y propone el distributismo como alternativa: defendía así una visión romántica del pequeño propietario, el agricultor, el hombre sencillo de la campiña inglesa.

Esta nostalgia del mundo anterior a la Revolución Industrial, tan british, tiene un encanto indudable, como toda manifestación relacionada con el campesino feliz, noble hombre de la tierra. Ciertos excesos de ruralismo idealizado hacen peligrar la argumentación, y el lector se ve tentado a descartarlas como si de quejas de columnista cascarrabias de dominical se tratara. Pero Chesterton escribe tan bien, que vale la pena leer hasta su lista de la compra. Sus argumentos mantienen su claridad y lucidez de siempre. Sin embargo, en pleno 2010 nos encontraremos de entrada con algunos problemas, o ventajas, a la hora de refutarlos.

Para empezar, el capitalismo que critica Chesterton, que amenazaba con convertir los países industrializados en terrenos controlados por pocos y poderosos monopolios, ya no existe. El peligro de que estas corporaciones gigantescas deglutieran toda actividad industrial ajena a ellas fue algo que provocó verdaderas obsesiones en los años cercanos a 1900, y atrajo a la arena política a personajes como Theodore Roosevelt o William Taft. Pero lo cierto es que no se llegó a ese estado, el más denodadamente denunciado en estas páginas. Tampoco el capitalismo ha tenido por consecuencia el empobrecimiento de los pobres, sino todo lo contrario. Sería interesante ver cuál sería su punto de vista hoy en día, y su actitud ante trabajos posteriores –también escritos desde una óptica cristiana– como Raíces cristianas de la economía de libre mercado, donde Alejandro Chafuen demuestra que el distributismo no es la única respuesta social de la que dispone el cristianismo.

La realidad y el pensamiento han evolucionado, y la cuestión del distributismo tiene ya poco empaque (Thomas E. Woods publicó una excelente refutación en las páginas de este diario). El valor de Los límites de la cordura radica más bien en la capacidad de Chesterton para plantearnos de forma compleja y heterodoxa cuestiones que siguen ahí. Son acertadas sus críticas a la gran empresa estanca y burocratizada; los reproches hacia su connivencia con el poder, además, recuerdan sorprendentemente a las de defensores a ultranza del libre mercado como Ron Paul. Lo mismo puede decirse de su cerrada defensa de la propiedad privada, piedra angular de la dignidad del hombre y la estabilidad social.

Nos recuerda también Chesterton, desde su visión cristiana del mundo, que ninguna defensa de un sistema político pueden hacernos olvidar que estos sólo existen por y para el ser humano, para preservar su autonomía y su felicidad. “Nos preguntamos si será todavía concebible restablecer eso que se llama autonomía, olvidado hace tanto tiempo; esto es, la posibilidad de que todo ciudadano dirija en cierto grado su propia vida y construya su propio entorno, (…) vista lo que quiera y tenga un campo de elección”.

Bienvenida sea esta claridad chestertoniana, que reclama una vuelta a la antigua vara de medir a la hora de evaluar cualquier invento o desarrollo de la humanidad: ¿nos hace más felices? Un buen ejemplo de esta idea se encuentra en su ataque a los luditas, que aprovecha sin embargo para explicar su punto de vista sobre la tecnología: “Me parece tan materialista condenarse por una máquina como salvarse por una máquina”.

Y aunque al final del libro quede claro que más ideas nos separan de Chesterton – en materia económica – que nos unen, reconforta leer a un pensador exigente y escéptico, que se pone del lado de los débiles sin exigir el castigo de los poderosos, enemigo de la gran corporación y del gran gobierno. De nuevo llaman la atención los paralelismo y diferencias con los pensadores cristianos, desde Juan de Mariana hasta Domingo de Soto, que se estudian en la citada obra de Chafuen. Las soluciones son muy diferentes, pero los valores del planteamiento inicial de Chesterton coinciden con los de los salmantinos. Son estos últimos quienes, a pesar de estar más alejados en el tiempo, acertaron en sus conclusiones. Sin embargo, el inglés atina a la hora de plantear algunos problemas de su tiempo y da valiosas claves, si no económicas, sí filosóficas a la hora de analizar los límites de cualquier sistema social y económico. Y como dice el propio Chesterton, “el pensamiento y el arte más elevado consisten casi enteramente en trazar una línea en alguna parte”.

Ésta es la versión sin editar del artículo que apareció en Libertad Digital.

Written by pursewarden

septiembre 20, 2010 at 8:24 am