Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Archive for the ‘Burladero’ Category

Agustín de Foxá y la tauromaquia, en Burladero

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Hablemos de un libro extraordinario, y que como tal, no se puede encontrar en España salvo en librerías de viejo y portales de Internet como Todocolección o Iberlibro que permiten al coleccionista hacerse con algunas joyas fuera de los circuitos habituales. Se trata de un libro que describe así una tormenta:  “Ha estallado la tempestad; los relámpagos hacen instantáneas del paisaje; cerros y picachos aparecen de color violeta en las desgarraduras de la noche, como la entrañas de un caballo en una antigua corrida.” Su autor, Agustín de Foxá, es uno de los mejores prosistas españoles del siglo pasado, pero apenas se le estudia en el colegio y las universidades; puede que por falangista o porque quienes diseñan el plan de estudios de nuestra juventud son poco amigos de la lectura. Gracias a ellos, las víctimas de la LOGSE y posteriores descubrimos textos como éste fuera de las aulas, por ejemplo, de la manera que voy a relatar.

Juan Soto Ivars, un escritor de primera, anunció en una cena familiar que iba a dedicarse a eso precisamente, a ser un escritor de primera. Bueno, lo de que sea de primera es un añadido mío, él se conformó con anunciar que iba para escritor. Su abuelo, un hombre sobre el que narra las más desmesuradas anécdotas (que no le quitaré el gusto de publicar primero), decidió hacerle un regalo para conmemorar la ocasión. Se trataba de un antiguo ejemplar de Por la Otra Orilla, que narra el viaje que hizo Foxá por las Américas desde Argentina hasta los Estados Unidos. Juan tuvo el libro en su poder durante unos años hasta que decidió prestármelo. Craso error. Tras leerlo, se lo di a otro escritor de primera, Gabriel Sofer. La copia seguirá pululando porque para ellos, como para mí, la maestría de Foxá es evidente.

¿Pero qué sentido tiene reivindicar un libro de crónicas en un portal taurino, por bueno que éste sea (el portal y el libro)? La razón es que se me ha quedado grabada una frase que debe dar algo de esperanza al aficionado ante la fiebre prohibicionista que asola España. Avisa Foxá que “Varias veces han estado a punto de desaparecer nuestras corridas de toros ante la sanción internacional desencadenada, tenazmente, por los anglosajones y entre gritos lastimosos de las sociedades protectoras de animales.” Estamos ante un texto de principios de los años 60. Y acudir a las hemerotecas será suficiente para ver cómo la fiesta, desde que existe, ha estado asolada por melindrosos de todo tipo. Foxá, como la fiesta, vive horas bajas. Se le edita poco (aunque algunos sí se atreven) y se le lee menos. Andar ‘descubriendo’ un libro así a estas alturas no deja de ser desolador. Pero las manifestaciones culturales serias y brillantes permanecen, a pesar de los bienpensantes. El silencio es la censura de nuestro tiempo, pero frente a él no sirven los gritos sino la razón.

Se ignora por moda pero las modas van y vuelven. Quedan, afortunadamente, textos como Por la Otra Orilla, donde más allá de esta breve reflexión, encontraremos en una serie de anécdotas e ideas que harán las delicias del aficionado, como cuando acude Foxá a La Méjico, plaza de toros con mayor aforo del mundo. “Sobre esta plaza me contó el Arzobispo de Méjico que, habiendo bendecido uno por uno sus tendidos, habíale dicho a Manolete, ‘he dado la vuelta al ruedo antes que usted’. (…) También narró Manolete (…) que como le preguntara un periodista mejicano que por qué toreaba tan serio, había respondido: ‘más serio está el toro’.”

Conjugando el sentido del humor hispano y una capacidad de análisis reservada a unos pocos, avanza Foxá por un viaje lleno de trazas de nuestro país, en el que sobreviven nuestras costumbres, como la tauromaquia, pero con un matiz diferente. “Méjico es tan español, que muchos mejicanos critican a España”, pero a ambos lados del Atlántico se nos hiela la sangre con un muletazo de Manolete.

Por fortuna para Juan, cuidamos su magullada copia de Por la Otra Orilla con cuidado quirúrgico, conscientes de su valor. Algunos amigos han conseguido comprar una copia por Internet. Ojalá otros consigan hacer lo propio hasta que alguna editorial valiente se atreva a reeditar a un autor que muestra toda su agudeza y capacidad de polémica en su definición de la tauromaquia, “el espectáculo de un pueblo religioso acostumbrado por su sangre a pasearse con toda naturalidad entre el más acá y el Más Allá”.

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Por qué Morante de Paco Aguado, en Burladero

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Cualquier reseña de Por Qué Morante debería empezar por definir qué tipo de libro es. Éste contiene elementos biográficos, antecedentes taurinos, un estudio de la técnica del artista del La Puebla del Río, una muy buena colección de fotografías y mucho capricho del autor que lo colocan entren el coffee table book y la biblioteca del taurófilo, aunque por la profundidad de los textos de Paco Aguado me inclino más por la segunda opción.

Pues eso.

Encomiable el trabajo del autor, no por investigación sino por la honda exploración que hace de la figura de Morante, centrándose siempre en su dimensión taurina y acercándose a su vida personal sólo cuando ésta tiene un impacto indudable sobre el arte del matador. Para quienes conozcan su trabajo, sobra decir que Aguado es un erudito de la tauromaquia, y el primer tercio del libro es una verdadera historia de cierto toreo que confluye en la figura de Morante. Interesante el punto de vista del autor y acertada su manera de acercarnos a ella, que se enmarca dentro de un texto perfectamente estructurado e hilvanado.

Se recomienda, eso sí, una lectura pausada, ya que la prosa de Aguado puede empalagar con ese barroquismo tan taurino que funciona bien en la crónica pero que puede resultar excesiva al que pretenda acabarse el libro en una sentada, que aunque sea posible, tampoco parece la intención del autor.

Como en toda hagiografía, hay observaciones muy acertadas, las más, con algún desliz hiperbólico que llevan a Aguado a ensalzar hasta las zapatillas del torero. El entusiasmo, cuando de Morante se trata, es perdonable y comprensible. Y a pesar de que a veces tengamos la sensación de que el autor madrileño quiera incluir demasiado en el libro (todas las consabidas alusiones de grandes escritores acerca del toreo que se puedan citar de carrerilla se encuentran aquí), estamos ante un trabajo importante, exhaustivo y que merece estar en la biblioteca de cualquier aficionado.

Written by pursewarden

mayo 23, 2011 at 10:02 am

Publicado en Burladero, Toros

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50 razones para defender las corridas de toros, de Francis Wolff – Burladero

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Circulaba a las puertas de la Monumental de Barcelona, junto con las recogidas de firmas contra la prohibición y los ‘antis’ dando el espectáculo en pelotas, un librito en francés escrito por el filósofo Francis Wolff. Se llamaba 50 raisons de défendre la corrida y alguna gente lo vendía, no sé si con permisos oficiales o con las taurinas artimañas del reventa. Cuando parecía que los interesados lo íbamos a leer en edición francesa o mediante traducción googlera – ríase usted de los del PCE en la dictadura – llega la editorial Almuzara y publica una edición a bajo coste (5€) y con una buena traducción. ¡Loados sean!

Wolff, que se foguea en las universidades más prestigiosas de Europa (a saber: La école normale supérieure, la París X y Oxford) defiende la tauromaquia de manera rigurosa, explicando por qué las teorías animalistas son falsas y proporcionando argumentos a favor de la pervivencia de la fiesta taurina. En esta época relativista, existen pocos actos más escandalosos que calificar algo de falso, pero Wolff demuestra sin exaltación que los Mosterín y la tropa sin ropa no es que tengan una opinión distinta (igual de respetable y todo eso), es que están en el error. Baste leer cualquier texto o ver las apariciones televisivas del susodicho filósofo para, libro de Wolff en mano, desmontar una a una todas sus conjeturas. Como dice Wolff:

“Sólo hay un argumento contra las corridas de toros y no es un argumento, es el imperio de algunas sensibilidades.”

No resonará con esta gente los argumentos de que los estudios hechos acerca del dolor del toro en la corrida ha arrojado pruebas en contra de las teorías animalistas, ni que el toro bravo vive mejor que cualquier otra res (y sobre todo, vive acorde con su naturaleza, ya que de todos  los mamíferos, el toro bravo es el único que no rehuye el castigo), ni que la prohibición acabaría con las dehesas, parajes naturales únicos, y con una raza animal entera del que sólo el 6% muere en el ruedo; el mismo 6% que mantiene a toda la especie viva. Es decir, que los argumentos animalistas chocan con los argumentos ecológicos. Repasar los cincuenta argumentos tampoco es tarea de una reseña, pero baste decir que el argumento animalista choca también con el científico, el cultural, el humanista o el ilustrado; y que todos ellos los esgrime Wolff con naturalidad.

Comienza el libro con dos admoniciones:

“¿Le gustan las corridas de toros? ¡Sepa defenderlas!

¿No le gustan las corridas de toros? ¡Sepa comprenderlas!”

Y con esa idea nos quedamos. El libro de Wolff es una contribución a elevar el nivel del debate, y tanto los taurófilos como los escépticos podrán encontrar información y razonamientos suficientes como para poder hablar sin decir tonterías, y asegurarse al menos que las discusiones fuera del parlamento sean inteligentes. Porque, por mucho que se empeñen los animalistas, los hombres somos – deberíamos serlo – distintos al resto de los animales.

Fuente: Burladero

Comentario a Toros sí de Salvador Boix, en Burladero

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Salvador Boix, apoderado de José Tomás, ha ganado el Premio de Hoy 2011 gracias a su libro Toros sí. Boix es un catalán culto, nieto de los que definieron el seny, de los que guardan abonos al Liceu y a la Monumental y que tan pronto hablan de Manolete como de Wagner. Un catalán, en definitiva, de los de Tarradellas, que se están perdiendo bajo los lodos del secesionismo más intransigente. Y el propio Boix, que reparte críticas a Aznar por anticatalán y a Montilla por tonto útil (la interpretación es propia), es quien reclama la vuelta de la antigua Cataluña: la razonable, la moderada, la acogedora. Y cuando le escribe a Hereu que ha creado un problema donde no había ninguno, da en el clavo del pensamiento revolucionario, del que pretende crear un orden nuevo de la nada, destruyendo los signos culturales que no convienen y ensalzando otros de manera arbitraria. Memoria histórica en su acepción más propagandística y menos, valga la redundancia, histórica.

Toros sí ofrece primeramente una radiografía de la prohibición en Cataluña, y deja sus líneas más duras a David Pérez, diputado del PSC que traicionó, según el bañolense, a la fiesta. Pero poner de relieve la hipocresía y la ignorancia de los políticos no es tarea difícil, y no es ésta la sección del libro de más mérito, aunque sí destaca por la claridad expositiva y la valiosa visión desde dentro, desde el punto de vista de un catalán que forma parte del ámbito taurino, alejando el debate de visiones españolistas/catalanistas (como si un españolista pudiera odiar Cataluña, o un catalán, sólo con desearlo, pudiera extirpar de la cultura de su región la españolidad).

 
Pero Boix está harto de tener que defender las corridas de toros cuando lo único que quiere es disfrutarlas, como todos los taurinos. Su razonamiento no es una defensa de la tauromaquia, sino amor por ella. No se siente Boix obligado a la réplica de quienes se desnudan y gritan a la puerta del coso, sino que comenta los textos de Mariano Villegas, un erudito personaje de ficción que presenta la fiesta de los toros a principiantes.

 
La segunda parte del libro, la más sustanciosa, se divide entre los textos de Villegas y los de Boix, cuya prosa deja de manifiesto que su Premio de Hoy 2011 no ha sido simple estrategia editorial sino el reconocimiento a un escritor que domina su segunda lengua tan bien como la primera. Lo escrito por Boix no resultará supérfluo al aficionado más experimentado, pero también es un libro accesible para neófitos. Y lo presentado como Villegas es una exposición que no cae nunca en la disculpa ni la justificación, sino que es un comentario divertido y didáctico de la tauromaquia. Expone aquí Boix también talento para impostar voces narrativas.

 
Dice la rumorología que José Tomás toreará varias tardes en Barcelona esta temporada. Algunos aficionados que vivíamos en la ciudad condal nos sentimos tristes de que no se pronunciara durante el debate parlamentario, ya fuera frente a los diputados o en algún medio de comunicación. Fue Salvador Boix quien dio la cara por él. Con este libro, el apoderado lo ha vuelto a hacer, y además ha hablado, muy bien, de toros. Esperemos que el colofón lo brinde el propio José Tomás hablándole al toro en la Monumental, donde la afición espera que el arte del diestro reabra a lo grande el debate. Con Toros sí, Boix ha contribuído a que la espera se nos haga más corta.

Written by pursewarden

marzo 23, 2011 at 7:50 am

Entrevista a Fernando Sánchez Dragó: “La tauromaquia siempre ha sido fuente de brava literatura”

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Fernando Sánchez Dragó (Madrid, 1936), escritor, aficionado, sigue escribiendo de toros. Es de sus muchas heterodoxias una de las que más pueden sorprender hoy en día, cuando el mundo editorial publica tan escasos títulos acerca de la tauromaquia. En nuestro cuestionario, que responde desde Camboya, avisa que su ‘Volapié. Toros y Tauromagia’, saldrá reeditado, amén de otros proyectos que harán las delicias de los aficionados a los toros, a Dragó y a la lectura. 

Ya en su ensayo Gárgoris y Habidis, publicado en 1978, Dragó nos recuerda que la relación entre el arte y la tauromaquia – y lo sagrado – es al menos tan antigua como el arte rupestre de Clunia, el enclave burgalés donde se descubrió una lápida que representaba la imagen de un torero. Por ellos empezamos preguntándole.

Después de tantos años de afición, ¿qué torero le ha impactado especialmente? ¿Alguno en activo?

Entre los que fueron… Antonio Bienvenida, Antonio Ordóñez, el Viti, Manolo Vázquez, Rafael de Paula, Curro Romero.
Entre los que son… José Tomás, Enrique Ponce, Perera, Castella, Morante.

Si quisiera escribir un libro dedicado específicamente a los toros, ¿cree que se lo publicarían?

Ese libro existe: ‘Volapié. Toros y Tauromagia’. Lo publicó Espasa en el ‘86 (quizá en el ‘85). Está agotadísimo. Ahora quieren reeditarlo. Y pronto habrá otro libro, en el que recogeré todo lo escrito en los últimos veinticinco años. Es mucho. Aparte de eso, las últimas ochenta páginas de ‘Y si Habla mal de España… es español’ (Planeta) están íntegramente dedicadas a los toros.

¿Qué texto o textos relacionados con la tauromaquia recuerda o rescataría?

Bergamín (‘La música callada del toreo’), Montherlant (‘Los bestiarios’). Hemingway (‘Muerte en la tarde’), Chaves Nogales (‘Juan Belmonte, matador de toros’), Michel Leiris, Cocteau, Bataille (‘Historia del ojo’), Lorca… Olvido a muchos. ¡Hay tantos! La tauromaquia siempre ha sido fuente de brava literatura.
En Gárgoris y Habidis, presenta la tauromaquia como un acto ritual que evoluciona hacia lo lúdico. ¿Qué queda de cada elemento en la fiesta de los toros actualmente?

Queda todo, aunque la mayor parte de los toreros y de los aficionados no sean conscientes de que la tauromaquia, además de un espectáculo y un juego, es, sobre todo, un sacramento, un rito, una misa mayor… Esa dicotomía siempre ha existido y la ignorancia de ella, también. Los toreros saben cómo se hace, pero no lo que es. No importa. Lo que importa es que lo hagan.
¿Con qué recuerdo se queda usted de un ruedo?

Con la faena que Bienvenida le hizo a un quinto manso en las Ventas (fue en el 70 o en el 71), con la legendaria faena de Paula en Vistalegre (1975), con el indulto al toro ‘Idílico’ por José Tomás en la Monumental de Barcelona, con la retirada de Manolo Vázquez en la Maestranza, con el sexto de Perera, herido él, cuando se encerró con seis toros en Las Ventas, el faenón que Ponce hizo el año pasado, no éste, en Olivenza. El sol se detuvo (era una matinal) para sacar su pañuelo……

“Muchedumbre en los tendidos para ver y no creer”, escribe el madrileño, que se despide de nosotros como empezó: con el recuerdo de los grandes, aquellos que desafían lo que otros intentamos escribir acerca de ellos. Aunque a veces lo mejor es enumerar – la faena de Bienvenida del ‘71, de Paula en el ‘75 – y mandar a los lectores al recuerdo o al tendido en busca de la siguiente faena que se clave en la memoria; Dragó no elude la embestida literaria y juntando toros con letras mantiene esa tradición (la de Ortega, la de Lorca) que a pesar de todo, se niega a desaparecer.

Fuente: Burladero.com

Tauroética de Fernando Savater en Burladero

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Alcanza ya su segunda edición la Tauroéticade Fernando Savater. Una buena noticia para el mundo del toro, que ha visto como toreros, empresarios, aficionados e intelectuales han defendido tarde y mal la fiesta. Se trata de un libro de divulgación filosófica, cuya sencillez no debe confundirse con falta de profundidad: dentro de sus pretensiones de defensa de la tauromaquia desde una perspectiva ética es difícil imaginar un texto más completo.

El mayor problema de Tauroética quizá sea que Savater ofrece argumentos contra consignas, desmonta teorías que no han sido montadas porque no son razonamientos, sino ocurrencias. El efectismo del “Tortura ni arte ni cultura” casa mucho mejor que un libro de ética con la civilización de la comida e idea rápida, de los reportajes de minuto y medio en televisión. Y además rima, con lo que se puede vociferar cómodamente incluso cuando uno está inmerso en un happening animalista: no exige el agotamiento intelectual, precisamente.

Los argumentos de Savater están generalmente hilados con tino, arraigados en una tradición de convivencia común, frente a otras deducciones que llevadas a su conclusión lógica supondrían una negación de la civilización, incluso de la humanidad. La obsesión del texto es que cualquier persona, salvo un vegano radical, valga la redundancia, pueda entenderlo y compartirlo independientemente de su ideología. Por eso renuncia a dos tipos de defensa muy extendidos pero que, por la dificultad de establecer criterios objetivos, pueden abrir otro tipo de discusiones alejadas del coso taurino: la identitaria (los toros como fiesta nacional) y la artística (la tauromaquia es un arte y por eso merece preservarse). La única vez que el texto erra en este propósito es cuando utiliza el aborto como ejemplo ara ilustrar la necesidad de la libertad de conciencia.

El autor no se deja ninguna máxima de los antitaurinos sin responder, y no sólo defiende la existencia de la Fiesta sino que desmonta con facilidad la filosofía del animalismo radical y el buenismo del ecologista urbanita. La actitud de ambos “no revela el acercamiento a la naturaleza, sino el predominio de dos instancias desconocidas en ella: la compasión y la hipocresía”.

Tauroética es un libro más de ética que de toros. Examina la relación del mundo humano y animal antes que el hecho de la Fiesta, y concluye que la tauromaquia es un aspecto legítimo de ese vínculo. Al aficionado le resultará muy valioso el tener a su disposición un texto bien razonado, bien construido y bien escrito; y al primerizo le valdrá para clarificar dudas y asentar ideas. Eso sí, absténganse de utilizarlo frente a un manifestante embadurnado de sangre y en pelotas – la Tauroética es un texto para ser revisado entre copas, con tranquilidad y sin la urgencia del grito y el eslogan. Un libro humanista, cabal y en el que Savater revela, como cualquier aficionado, amor y respeto por los animales.