Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Economía básica para católicos, de Samuel Gregg – La Gaceta

with 2 comments

Samuel Gregg, experto en filosofía moral, ha escrito un libro para explicar los fundamentos de la economía a lectores no avezados, especialmente aquellos que buscan conciliar la preocupación por la justicia social con la vida en un sistema capitalista.

El libro consta de dos partes. En la primera, Gregg nos ofrece un ensayo sobre la historia de la economía; sus principales planteamientos y cómo han tratado esta disciplina distintos pensadores, especialmente cristianos. Dos ideas destacan de esta sección. Primero, que la solidaridad es una virtud que ha de ser practicada voluntariamente, producto de nuestro libre albedrío. No sorprende, pues, que la red social obligatoria sea fabricación de un país protestante, Alemania. Segunda es tratar la economía como una rama de la filosofía y no de las matemáticas. La economía, nos dice Gregg, puede y debe ser parte del pensamiento moral, y como tal, un católico no debe temerla sino comprenderla.

Contribuye a esta comprensión con la segunda parte del libro, una selección de textos de filósofos, eclesiásticos y economistas agrupados por temáticas; empezando por la propiedad, pasando por el comercio o los salarios y acabando con los impuestos, por aquello de que, junto con la muerte, son lo único inevitable en la vida. Esta selección, aunque incluye a todo tipo de autores desde Marx hasta von Mises, muestra claramente una tendencia libremercadista. Descubrirá el lector que la ausencia de tecnicismos y la elección autores preocupados por las esencias de la economía producen un corpus accesible, que no exige conocimientos previos.

Aunque encontraremos fragmentos de los Santos Tomás y Agustín o los escolásticos salmantinos, hay en la Economía básica para católicos más de economía que de teología. En ese sentido, se asemeja más a los estudios de escolástica de Grice-Hutchinson que a los escritos distributistas de Chesterton.

Se enmarca el libro dentro de la colección del Buey Mudo sobre economía que nos ha brindado libros tan estimables como el de Las raíces cristianas del libre mercado de Chafuén; La Iglesia y la Economía de Woods; o Los límites de la cordura de Chesterton, aunque el de Gregg sea el más sencillo de todos y nos ofrezca claves para comprender los demás. Un instrumento, en definitiva, para que el lector católico se posicione frente a los problemas básicos de la economía.

2 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. Muy interesante el aporte.

    Sobre solidaridad privada o pública, convendría, desde luego, un debate fundamentado y sin (demasiada) ideología. Se podría lograr un fácil acuerdo sobre la necesidad de justicia social. Cómo se articule es el problema. Todo indica que avanzamos en dirección a desarmar el Estado del Bienestar, no porque se desee ampliar la injusticia, sino porque el orden económico basado en la iniciativa y el conocimiento no encuentra beneficio en reintegrar al sistema a los individuos que han quedado fuera por obsolescencia de su experiencia y competencias. En un orden basado en la fuerza manual, podría tener más sentido. Ahora, la integración sólo es posible por capacitación en conocimiento y disposición para la iniciativa. Pero esto exige más tiempo y más dedicación, justo en una situación apremiante que no lo facilita. El riesgo de exclusión social de aquellos que pierden el trabajo ‘manual’ se incrementa. Por otra parte, la ampliación de conocimientos y la disposición para la iniciativa son más frecuentes en las capas sociales más acomodadas. La nuevas clases no se fundamentan tanto en su poder económico sino en lo que ese poder económico les permite acceder a mejor educación y proyectos personales mejor capitalizados.

    Todo indica que España avanza hacia una mayor fractura social con una masa creciente de excluidos del sistema por razón de esos dos factores. Trabajadores que disfrutaban hasta hace muy poco de una situación razonablemente acomodada contemplan con estupor que su déficit de conocimientos y aptitudes les deja quizá irremediablemente fuera del sistema. Descapitalizados, además, para emprender. El sistema financiero tampoco parece dispuesto a validar inversiones que no están afianzadas en un suficiente saber y buenas prácticas.

    Ya sea a través de los valores cristianos, o bien laicos, tenemos ante nosotros un panorama a resolver en cuanto a la integración social, primero, y la justicia social, después. El capitalismo tendrá que dar respuesta a un problema que ya no podrá solucionar con acciones bélicas como en el pasado. La economía globalizada no favorece este tipo de derivaciones. Habrá que resolver las tensiones sociales por otra vías. Pero no están claras cuales.

    Es muy interesante que los pensadores católicos también ofrezcan su punto de vista desde sus valores. Aquello que sea la solución tendrá que ser más consensuada que nunca. Y el consenso sólo es posible desde una previa reflexión.

    Un saludo

    Galo

    junio 21, 2011 at 11:15 am

    • Totalmente de acuerdo. En este sentido, la crisis es un momento para agudizar el ingenio, aunque siempre ayudará que los gobernantes estén atentos para favorecer cualquier iniciativa que no sea un problema para el sistema. ¿Por ejemplo? Pues una que creo que gustaría tanto a derechas como a izquierdas (o a nadie) sería la de poner en marcha un sistema impositivo para empresas no en función de más impuestos para la más exitosa, sino más impuestos para la más injusta (es decir, la que peor distribuya sus beneficios entre sus empleados). Una cooperativa (que además es una buena solución ante la falta de crédito) tendría unos impuestos bajísimos, y una empresa en la que el jefe gana un 200% más que cualquier empleado tendría unos impuestos muy altos, independientemente de lo que ganen. Es decir, ya no se le penalizará a una empresa que haga bien su trabajo.

      Otro factor importante que une a católicos e izquierdistas es el de la compra moral. Pienso en el movimiento ‘no logo’ y cosas así, que aunque no goce de mis simpatías, sí es una vía en el primer mundo si el movimiento por fin se entendiera bien desde dentro y se explicara bien hacia afuera. Me refiero a la idea de que si compramos dentro de la comunidad (pequeño comercio) en lugar de fuera de ella (grandes superficies), estaremos contribuyendo a la mejora de nuestro entorno inmediato y además tendremos más poder como consumidores, ya que conocemos a los dueños de los negocios a los que acudimos. Internet en este sentido ha sido muy valioso en EEUU, donde las pymes están reaccionando bien a, quien lo diría, una actualización que ha hecho Google de las páginas amarillas. Claro que nada de eso funcionará mientras los tenderos no estén dispuestos a echarle más horas…

      En fin, ideas que se me ocurren a bote pronto y que habría que examinar. Se trata, como dicen los distributistas, de incluir al mayor número de personas posible dentro del sistema (como dirían los comunistas) sin hacer que funcione peor, sino todo lo contrario (como dirían los capitalistas). Entonces: ¡Propiedad privada para todos!

      Gracias por el interesante comentario. Hay que encontrar soluciones nuevas. Como digo yo, en Europa quiebran los países liberales – Islandia e Irlanda – y los socialistas – Grecia y Portugal. Debe tratarse, pues, de que hay que pensar en otra cosa.

      pursewarden

      junio 21, 2011 at 11:42 am


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: