Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Origen y presente de Jean Gebser, en Libertad Digital

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Jean Gebser publica Origen y Presente en los años 50, cuando el mundo ha salido de dos guerras mundiales y se encuentra sumido en la Guerra Fría. En este contexto, no sorprende que el concepto que examine sea el de crisis. Lo singular es la explicación que hace Gebser de ésta.–

El libro identifica distintas fases de la historia de la humanidad, que liga a profundos cambios de mentalidad en las personas. Estos dan pie a modificaciones en las ciencias, las artes y la filosofía. Cada cierto tiempo, la estructura mental anterior deja de ser útil y da pie a una época de cambio hasta la llegada del nuevo paradigma. Ejemplo de ello sería la perspectiva pictórica renacentista, que es una manifestación de una forma de entender el mundo que deja atrás la bidimensionalidad medieval. Los momentos de cambio de estructura mental en la humanidad dan lugar a grandes crisis, como serían en el siglo XX el triunfo del nazismo o el comunismo. Precisamente el siglo pasado es una época de cambio de las estructuras mentales, de un mundo mental a otro integral. Esto significa que si hasta ahora hemos ido atomizando el saber en distintas especialidades, en el futuro deberíamos aprender a aunarlas, aprovechando el saber de unas y otras, a la vez que surge una nueva estructura mental que engloba todas las anteriores.

El estilo y la filosofía de Gebser son más alemanes que el chucrut, y ante un libro de unas 900 páginas, éste es el resumen más sucinto posible. Se recomienda una lectura paciente con la abstracción y con una ristra de conceptos que nos resultan muy novedosos; decididamente abrumadores si no se toman con calma. Origen y Presente es un texto de una erudición impresionante, aunque con una idea del rigor sui generis que nos dejará rascándonos la cabeza ante afirmaciones como que la telepatía es un fenómeno sobradamente probado, o frente a ejemplos de filología creativa que a veces echan por tierra unas deducciones sólidas.

Asertos así reflejan lo mejor y lo peor del texto de Gebser. Por un lado, su valentía a la hora de tratar todo tipo de conceptos, sean estos académicos o no. Por otro, su tendencia a sacar conclusiones donde probablemente no las haya. Lo más brillante de Origen y Presente es su crítica a la modernidad y sobre todo al concepto de progreso, a pesar de que el nuevo mundo integral de Gebser tiene un aire a culminación idealista que a veces parece contradecir su misma crítica. El mundo no avanza, nos explica el autor de forma hegeliana, sino que el cambio de estructuras mentales provoca algunas mejoras y algunos retrocesos. Nuestra nueva estructura mental nos impide comprender las ventajas de quienes vivían con otras, y nos proporciona una falsa idea de adelanto civilizatorio.

Decir que el esfuerzo de Gebser es ambicioso es quedarse corto, ya que el autor alemán se atreve a analizar el cambio de estructura mental desde todas las disciplinas posibles, entre las que encuentra nexos de unión. El derecho, la sociología, la economía, la filosofía, la psicología, las matemáticas, la física, la biología, la arquitectura, la música, la pintura o la literatura son todas objeto de estudio del filósofo, con mayor o menor éxito. Igualmente titánica es la labor de José Rafael Hernández Arias, traductor del texto y autor del estudio y las notas del libro.

A pesar de que el texto pudiera parecer muy lejano, por el contenido y la forma de razonar, a un lector español, hay que resaltar el hecho de que Gebser vivió unos años en España (antes de la Guerra Civil), que realizó estudios acerca de Lorca y que fue amigo del poeta granadino, de Alberti, de Aleixandre, de Cernuda o de Guillén, además de buen lector de Ortega y Gasset. Su obra atraerá por ejemplo a lectores de Juan Eduardo Cirlot, quien en la misma década publicaba su Diccionario de Símbolos. Como dice su hija Victoria Cirlot:

“El impulso hacia lo que Cirlot denominó ‘ciencia de los símbolos’ procedía de la necesidad de alcanzar un ‘monismo intuitivo cósmico’ frente al ‘pluralismo descorazonador’.”

Por ende, la colección que dirige Victoria Cirlot junto con Amador Vega en la editorial Siruela, Árbol del Paraíso, contiene títulos de autores muy en consonancia con el enfoque de Gebser, examinando la conciencia humana y la realidad que subyace en lo intuitivo: Mircea Eliade, Maestro Eckhart, Gershom Sholem, Henry Corbin… Tomando un ejemplo más contemporáneo, la forma de analizar de Gebser guarda sorprendentes similitudes con el ensayo Gárgoris y Habidis de Fernando Sánchez Dragó, que opta precisamente por explicar cierta historia de España filtrada mediante esos cambios de mentalidad, que nos proporcionan una forma de entender los eventos pasados en cada momento histórico.

¿Y qué nos puede enseñar este estudio de la crisis respecto a la que vivimos hoy en día? Como crítica, muchas de las ideas de Gebser están vigentes, y resulta descorazonador ver cómo gran parte de las recetas que se nos presentan siguen estando fundamentadas en las mismas ideas que hace 100 años, básicamente en el concepto del paso adelante que nos facilitan las mentes iluminadas de la sociedad: economistas, burócratas y políticos. El texto deja claro que cualquier cambio debe venir de todas las esferas de la comunidad, y es producto  del pensamiento, no de la ley. Como receta para encontrar soluciones, pocos lectores tomarán las ideas de Gebser al pie de la letra, pero harían bien en dejarse impresionar por una de esas raras obras de filosofía con la imposible voluntad de abarcarlo todo.

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