Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

La historia de España de Marcelino Menéndez Pelayo en Libertad Digital

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Este libro fue el excéntrico proyecto de Jorge Vigón, hombre con una apasionante biografía que buceó entre los escritos de Marcelino Menéndez Pelayo para producir una historia completa de España desde los Visigodos hasta la Restauración.


Aunque la mayor parte de los textos están sacados de la indispensable Historia de los heterodoxos españoles, también hay fragmentos de otros escritos, discursos y prólogos. Por fortuna, la coherencia de la obra del santanderino garantiza una obra que, aunque sea una antología, resulta cohesionada, de lectura armoniosa. Tenemos ante nosotros una historia de España desde un punto de visto católico ortodoxo, inquisidor en todos los sentidos, apoyado en la erudición y las colosales cantidades de lecturas del autor.

Es esta sabiduría la que ha llevado a todo tipo de pensadores de muy diferente filiación política, como Agapito Maestre o Gustavo Bueno, a interesarse por la amplia y rigurosa obra de Menéndez Pelayo. Y es que leer a un autor que se enfrentó a las tesis krausistas, afirmando la riqueza del pensamiento español, es una obligación frente a las continuadas patrañas que alimentan la leyenda negra. Lo “progresista” se enfrenta a lo español, visto como símbolo del atraso y la ignorancia. Nadie mejor que Menéndez Pelayo para rebatir, mediante datos y lecturas, este fetichismo.

A partir de este debate implícito, el libro de Menéndez Pelayo abre muchos otros de forma explícita, destapando además toda una serie de lecturas que ayudarán a enriquecer nuestras opiniones, incluso de temas en los que hoy ya no existen opiniones, sino que rigen axiomas del pensamiento. Es el caso de los antienciclopedistas – Pablo Forner, Andrés Piquer, Fray Fernando de Ceballos -, de historiadores prácticamente olvidados como Pedro José Pidal y Luís Próspero Gachard, o de pensadores que se recuerdan pero no se leen, caso de Ramón Llull o Jaime Balmes.

La lectura de este volumen recopilatorio anima a profundizar en la obra de Menéndez Pelayo, especialmente en la Historia de los heterodoxos españoles, y en la de la pléyade de autores que cita para desafiar las nociones dogmáticas que tenemos acerca de la Inquisición o el reinado de Felipe II. Y es que como dice Juan Valera:

Nuestra amena y rica literatura vino a ser olvidada o casi desconocida, o sólo conocida de pocos, y de éstos mal y quizás con torcida crítica.

Esa circunstancia empezó a cambiar gracias al trabajo de Menéndez Pelayo y de Gumersindo Laverde. Hoy, que la situación vuelve a ser precisamente ésa, de ignorancia y hasta repulsión por la cultura propia, insistimos en la necesidad de lectura no sólo de Menéndez Pelayo sino de su maestro, cuyas obras completas están aún por editar. Las ventanas que abre el trabajo de ambos son innumerables. El catolicismo, salvo por excepciones místicas, es una religión expansiva, que mira hacia afuera (al contrario que el budismo, por ejemplo), y la obra de don Marcelino es católica hasta en eso.

Su visión de la historia de España, que considera influída por una problemática religiosa, filosófica y cultural, se aleja radicalmente del materialismo y ofrece a la vez una historia política, una historia cultural y una historia de las ideas. Por eso parece una broma las teorías que dicen que el profesor se hizo conservador porque Nicolás Salmerón suspendió sin examen previo a toda su clase, poco adepta a Krause a juicio del almeriense. El trabajo de Menéndez Pelayo sirve para reforzar la idea de que la nación española no existe sólo por el azar o por proximidad geográfica, sino que es fruto de la oposición religiosa e intelectual, una oposición que se articula mediante la ortodoxia y la heterodoxia, que tan concienzudamente identifica en sus Heterodoxos…

La historia de España sigue la acertada línea de publicaciones del Buey Mudo, aunque falten notas al pie: muy optimista es el señor editor si piensa que la mayoría de sus lectores comprenden el latín. Ahora, con esta obra que abre el apetito por la escritura de Menéndez Pelayo, falta por ver si la editorial publicará más, o incluso si se atreverá con Gumersindo Laverde. De momento su trabajo, recuperando a Rafael Gambra, a Agustín de Foxá o al propio Menéndez Pelayo, va por muy buen camino.

Versión sin editar del artículo aparecido en Libertad Digital.

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