Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Una Sociedad Armada es una Sociedad Inteligente – Boletín Libre Mercado

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Según un estudio publicado en EEUU sobre las matanzas que llevan a cabo asesinos armados en lugares públicos (como el de Columbine en 1999), éstas terminan en cuanto una persona armada hace frente al pistolero. Éste no tiene ninguna intención de sobrevivir al evento, y en cuanto es desafiado, se suicida. El estudio también ha indicado que las matanzas se llevan a cabo en los llamados gun-free zones, lugares como escuelas o centros comerciales donde no está permitido el acceso de armas.

Pensar que una sociedad libre de armas es posible o deseable resulta ingenuo y peligroso. El famoso derecho a portar armas de la constitución norteamericana existe no sólo para defenderse de las agresiones externas, sino también de los abusos de poder del propio gobierno. Los enemigos de las armas indican que en EEUU, que tiene unas leyes generalmente permisivas, la tasa de asesinatos es alta. Sin embargo, este argumento no se sustenta por ninguna parte: otros países con leyes de armas flexibles tienen tasas de criminalidad muy bajas, y el estado de New Hampshire, cuyas leyes de armas son de las más permisivas de todo el país, ha gozado de las tasas de asesinatos más baja de todo EEUU en 2006 y 2007.

Lo único que consiguen las prohibiciones a portar armas es que éstas estén exclusivamente en manos de los gobiernos y de los criminales. Los ciudadanos nos vemos atrapados entre dos fuerzas que en nuestro país, por ejemplo, se mantienen razonablemente controladas. ¿Pero que pasará el día que una de las dos se descontrole? Si el Gobierno se vuelve abiertamente represor y totalitario, los ciudadanos no tendremos forma de defendernos. Si la criminalidad se dispara, nuestra protección dependerá de órganos públicos, absoluta y repetidamente ineficaces.

No abogo por que los ciudadanos nos tomemos de forma generalizada la justicia por nuestra mano. Para dirimir si tal cosa ha sucedido, existen los tribunales, que estudiarían de forma individual cada caso y decidirían si un arma se ha disparado en defensa propia o no. Pero vistos los datos, que demuestran que las armas de fuego no son las causantes de la criminalidad, que este punto de vista es reduccionista y que deja nuestros destinos en manos de gente poco deseable, abogo por hacer caso a pensadores como Thomas Jefferson, que han inspirado a los todos amantes de la libertad: “all power is inherent in the people; that… it is their right and duty to be at all times armed.”

Publicado bajo el seudónimo Winston T. Budkin en el Boletín Libre Mercado.

2 comentarios

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  1. En toda mi vida nunca me he visto en la necesidad de sacar un arma para defenderme, ¿Tú sí?

    Itziar

    mayo 8, 2010 at 1:36 pm

  2. ¡Tampoco! Y espero seguir así toda mi vida. En el artículo simplemente hablo de un derecho (el de tener armas) que no veo razones para limitar. Los criminales acceden a objetos, sean estos ilegales o no. Ilegalizar algo sólo impide que accedan a ello ciudadanos que no están dispuestos a violar la ley, los menos “peligrosos”. Que un arma sea ilegal o no, no va a importar a un asesino, pero sí puede salvar la vida de una familia.

    pursewarden

    mayo 8, 2010 at 9:09 pm


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