Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Viaje a Rusia de Joseph Roth – El Crítico

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“Te habrás dado cuenta ya que estamos derivando hacia grandes catástrofes. Aparte de las privadas – nuestra existencia literaria y financiera ha sido destruida – todo lleva hacia una nueva guerra. No apostaría nada por nuestras vidas. Han establecido un reino de barbarismo con éxito. No te engañes. El infierno reina.”

Tales eran las proféticas palabras que escribía Joseph Roth a su amigo Stefan Zweig en 1933, seis años antes de morir. Representan el estado de ánimo de un hombre cansado y decepcionado. Cansado porque nunca llegó a conseguir el éxito como novelista de, por ejemplo, Zweig, y decepcionado tras observar el fracaso tanto de las democracias occidentales como del socialismo. Fue la falta de éxito que le obligó a continuar escribiendo artículos durante toda su vida en lugar de poder centrarse en sus novelas, y fueron estos artículos los que le llevaron a emprender su viaje a Rusia en 1926, enviado por el Frankfurter Zeitung.

Roth llegó a Rusia con vago entusiasmo por la Revolución, un optimismo del que ya se habían desprendido otros intelectuales occidentales como Walter Benjamintras haber realizado sus propias expediciones al país soviético. Los primeros artículos de Viaje a Rusia muestran ese entusiasmo a cuentagotas (El Frankfurter Zeitung no era precisamente de ideología bolchevique), con una verdadera vocación de imparcialidad. Aunque Roth critica pequeñas miserias de la vida diaria de los rusos, ensalza la energía y las buenas intenciones del nuevo sitema político, y sobre todo el buen trato que por esa época aún se le brinda a los ciudadanos judíos. Hay un sólo país en el mundo en el que Roth ve una vitalidad y una tolerancia comparables a la soviética: los Estados Unidos.

Pero con el avance de la crónica, se despliega la tesis central del viaje de Roth: que la desaparición de la antigua clase privilegiada ha dado lugar a una nueva burguesía. La Nueva Política Económica de Lenin está deshaciendo los principios de una revolución que de otra manera estaría en la bancarrota. Enemigo de la burguesía, por la que sentía desprecio, Roth vuelve de Rusia y da una devastadora conferencia sobre el país, incluida en la presente edición: “Tras el terror de la Revolución activa – rojo, extático, sangriento – sobrevino, en Rusia, el terror de tinta de la burocracia, sordo, tranquilo, negro. Se podría decir: “A quien Dios le da un cargo en Rusia, le da también una psicología burguesa”.” Así, llega a declarar que la Revolución Rusa no es una revolución proletaria, sino burguesa, y confiesa a Benjamin que aunque había llegado a Rusia como un bolchevique convencido, se marchaba como monárquico.

Los capítulos del libro, correspondientes a cada artículo, tratan temas que empiezan por los exiliados de Rusia (“El príncipe ruso que hace de chófer en un taxi parisino conduce directamente rumbo a la literatura. Su destino puede ser horrible, pero es literariamente aprovechable”) y que pasan por el sexo (“en Rusia el pecado es tan aburrido como entre nosotros la virtud”), la iglesia (“el Día de Elías, quien, según la creencia de los campesinos, tiene la facultad de decidir sobre la tormenta y el rayo, todavía se celebra en la nueva Rusia de forma oficial, si bien con el nombre del Día de la Electrificación”), la mujer (“Es reaccionario hacerla únicamente libre, sería revolucionario hacerla libre y bella”) o la censura (“Tan solo de los escritos de Lenin es posible extraer un sinnúmero de consignas de gran efecto acústico. […]Poco a poco, el lema se va aferrando al cerebro y sustituye al argumento”).

Resulta loable el esfuerzo por mostrarlo todo, por hablar de todos los temas sin pudor ni una agenda política definida a priori. La crónica informa con sinceridad de la situación social y política del momento, divierte y a veces, conociendo eventos históricos como el genocidio ucraniano o la persecución de los judíos, hiela la sangre. Por ejemplo: “En Rusia, de entre todos los postulados de la democracia y del socialismo, el referente a la igualdad de derechos de las minorías nacionales se ha llevado a cabo de forma brillante y modélica”.

Sean cuales sean las interpretaciones de Roth, los textos de Viaje a Rusia están escritos con el estilo cuidado y evocador, y la sensibilidad para el detalle que caracteriza a sus novelas. En Astracán hay “helados que destellan bajo una oscilante lámpara de arco, frutas y mazapán visibles tras nupciales velos de gasa. Yo rogaba que se calmara la plaga de polvo. Al día siguiente, Dios envió un aguacero. El techo de mi cuarto del hotel, acostumbrado al polvo, al viento y a la sequedad, se cayó al suelo espantado.”

Recientemente hemos podido ver cómo Acantilado ha publicado “La rebelión” y “Judíos errantes”. A la vez, Minúscula editaba “Crónicas berlinesas” y “Viaje a Rusia”. Éxito, al fin, para Roth.

Fuente: El Crítico

Written by pursewarden

septiembre 9, 2008 a 5:30 pm

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