Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Daniil Kharms, escritor perseguido por Stalin – El Crítico

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Daniil Kharms representa una reacción al estalinismo diametralmente opuesta a la del premio Nóbel recientemente fallecido Aleksandr Solzhenitsyn. Mientras que éste se dedicó a reunir una crónica de los acontecimientos en su Magnum Opus, Archipiélago Gulag, en un esfuerzo consciente de relatar, denunciar y en último término, dar esperanza, Kharms murió en 1942 el psiquiátrico Número 1 de la prisión de Leningrado, hambriento y enloquecido. Una lectura de sus relatos frente a los de otros escritores en su época y situación, como Shalamov o el ya mencionado Solzhenitsyn, clarifican lo poco que puede llegar a sorprender que ellos sobrevivieran al estalinismo mientras que él no lo consiguiera.

Es inimaginable pensar en un iconoclasta como Kharms convertido en un sí mbolo como Solzhenitsyn, y su relego al olvido (no ha sido editado en España más que en catalán, por Edicions de 1984) es muy acorde con una vida y una escritura sin concesiones, excesiva, sin un solo indicador del deseo de posteridad. Se podrí a decir que Kharms es uno de esos individuos que son inevitablemente los primeros en ser eliminados bajo sistemas polí ticos autoritarios (uno piensa en Sakharov), condenados en condiciones óptimas a ser vistos como raros y amablemente tolerados. Ya en 1924 fue expulsado del Electrotechnicum de Leningrado por “falta de participación en actividades sociales”, y su conducta irracional le valió la consideración de loco oficial en el circuito literario de la ciudad.

Poco a poco, su situación fue empeorando. Fue arrestado como parte de un grupo de “escritores de literatura infantil antisoviéticos” (tuvo gran éxito con sus cuentos para niños) y sus escritos fueron utilizados para incriminarle. Su lógica absurda y su negativa a inspirar valores sociales a través de sus escritos le condenaron como corruptor de la infancia. Sus relatos, siempre breví simos, recogen situaciones absurdas y frecuentemente violentas narradas sin ninguna pretensión estilí stica. Buscan lo fragmentario, el devenir cotidiano en el que uno se implica y se desentiende a los pocos segundos. Así , su obra debe leerse como una entidad donde la unidad y la totalidad tienen el mismo sentido, cuentan lo mismo, y es la acumulación la que, como en un sistema de John Cage, modifica la reacción del receptor.

En “La historia de los hombres que luchaban”, Aleksey Alekseyevich y Andrey Karlovich están en plena pelea. El improbablemente llamado Alekseyevich:

“Cayó al suelo, lo que aprovechó Andrey Karlovich para sentarse a su lado, sacarse la dentadura de la boca y darle a Aleksey Alekseyevich tal repaso con ella que Aleksey Alekseyevich se levantó del suelo con la cara completamente mutilada y la aleta de la nariz desgarrada. Sujetándose el rostro con las manos, Aleksey Alekseyevich se fue corriendo.

Así , Andrey Karlovich se masajeó la dentadura, la insertó en su boca con un clic y, habiéndose satisfecho del emplazamiento de sus dientes miró a su alrededor, y, no viendo a Aleksey Alekseyevich, se fue en su busca.”

El relato termina allí, sin clarificar jamás por qué peleaban ambos personajes ni qué sucederá luego. Las situaciones que presenta Kharms no están nunca justificadas por un contexto, sino que parecen siempre narradas, con una rigurosa objetividad, por observadores externos. La perplejidad que podría causar una escena así no se detalla, sino que Kharms permite al lector experimentarla por sí­ mismo.

No es exactamente asombro ante lo cotidiano, sino más bien extrañamiento. Se trata también de estrechar los lí mites de lo diario, exagerando la falta de consecuencias de los actos o donde la manera de narrar un acto causa que éste tome otras dimensiones. Por ejemplo, en “Un Linchamiento”, una multitud escucha a un orador exponer las ventajas de sustituir un parque por un rascacielos, y está de acuerdo. Al final del acto, la multitud le arranca la cabeza a un hombre de mediana altura que le hace una pregunta al orador, antes de marcharse a casa satisfechos. O en “Un Encuentro”, donde dos hombres se encuentran por la calle y “eso es todo lo que hay que contar”.

No debe sorprender esta ruptura de las consecuencias: Como hemos dicho, Daniil Kharms es un clásico de la literatura infantil en Rusia. Su literatura para adultos, salvo por su extrema violencia, se basa en los mismos principios que los cuentos infantiles, es decir, introducir elementos fantásticos o exagerados en la realidad. El hecho de que la realidad sea la Rusia soviética, modifica los hechos fantásticos que puedan aparecer en la narración. Ambos elementos están conectados.

Podemos encontrar asimismo excelentes ejemplos de sátira a lo largo de las narraciones. En “Lo que venden en las tiendas estos dí as”, un personaje mata a otro golpeándolo con un pepino gigante. En lugar de referirse a la violencia, Kharms exalta el tamaño de los pepinos que se venden en Rusia. Este tipo de razonamiento espectacular no le era ajeno al estalinismo (ni a ningún gobierno soviético), y Kharms lo recoge con un ejemplo de su humor salvaje.

Ciertamente, la calidad literaria de Daniil Kharms palidece en presencia de la de sus compatriotas, tan bien representados en el Olimpo de los escritores. Kharms representa valores extremos, los mismos que algunos maestros como Céline oPhilip K. Dick y que otros de menos envergadura, como BukowskiPalahniuk. Como “outsider”, Kharms no tiene precio, y su lectura resulta interesante aunque irrite con su falta de concesiones incluso al lector más curtido. Y es que leer a Daniil Kharms debe ser como un paseo por el Leningrado soviético: enajenante, incómodo y en última instancia, lleno de absurdos. Puede que Kharms sea, en última instancia, un escritor más realista de lo que parece.

Finalmente, el único colectivo con el que Kharms mostró un compromiso firme fue OBERIU, la organización absurda de artistas y escritores, integrada también por Konstantin Vaginov, cuya última novela, Harpagoniana, fue confiscada y destruida por las autoridades, Nikolay Zabolotsky, que pasó 7 años en Siberia, y Alexander Vvedensky, acusado de introducir mensajes antisoviéticos en su poesí a fonética y enviado a Siberia. Murió de disenterí a antes de llegar. Teniendo en cuenta el destino de los miembros de OBERIU en general y de Kharms en particular, la lectura de un relato como “El destino de la mujer de un profesor” cobra un tenebroso sentido:

“De pronto una llamada al timbre. ¿Qué es eso? Algunas personas entran y dicen — Vámonos.

— ¿Dónde? — la mujer del profesor.

— Al manicomio — responden.

La mujer del profesor empezó a gritar y a resistirse, pero las personas le agarraron y se la llevaron al manicomio(…). La mujer de este profesor es meramente un penoso ejemplo de cuántos desafortunados hay en la vida que no ocupan la posición que deberían de ocupar”.

Pero también nos recuerda que si el gobierno soviético no tuvo ninguna compasión por Kharms, Kharms tampoco tuvo ninguna compasión por el gobierno soviético.

Fuente: El Crítico

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