Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

El Hermano de las Moscas de Jon Bilbao – El Crítico

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Héctor tiene un buen trabajo, una mujer guapa y una vida ordenada. El día que va a nacer su primera hija, su hermano Grego se presenta por sorpresa en su casa. A la mañana siguiente, Grego ha desaparecido. En su lugar un enjambre de moscas ocupa la habitación de invitados. Atendiendo a una corazonada, Héctor no se deshace de ellas, sino que las alimenta y las cuida. Diez días después, Grego reaparece en la habitación; las moscas se han desvanecido.

Han pasado apenas 40 páginas del libro.

“El Hermano de las Moscas”, primera novela de Jon Bilbao, nos presenta un argumento que homenajea sin disimular a Kafka. Gregorio aquí no es un comercial, aunque sí un viajero compulsivo, y el tratamiento de las relaciones familiares y laborales tiene algún eco de la “Metamorfosis”, aunque beba más de la exploración carveriana de lo cotidiano que de la obra del autor checo. Pero no son estos los rasgos que sorprenden más al lector, sino más bien todo lo oculto que hay en la novela, que presenta un juego fascinante con la presencia de lo animal en el mundo de los humanos. Se suceden las inquietantes apariciones de cabras, murciélagos, perros y hasta una ballena. Graniza. A Héctor le cae un rayo. Estos fenómenos sin explicación irrumpen en la cotidianeidad y modifican la existencia de los personajes.

La acción se sitúa en una urbanización sacada de una película de David Lynch. Uno de esos lugares donde a veces hay accidentes, a veces muere alguien o alguien es violado. Lo salvaje rodea la organizada comunidad donde vive la familia de Héctor. La rodea, y a veces la penetra momentáneamente y es repelido. Grego está aparentemente moribundo, pero Héctor, después de dedicarle innumerables atenciones, sólo quiere irse a una cena con su mujer y unos amigos. No llegamos a acostumbrar a estos acontecimientos, que planean sobre la narración en forma de brevísimos episodios. Una mujer enloquece y denuncia la aparición de ectoplasmas en su casa. Otra vez las apariciones, en las que el autor no se recrea individualmente. Con frialdad, las narra y se deshace de ellas. Se acumulan sin que nos demos cuenta.

Es raro que una primera novela huya tanto del adorno. Uno recuerda a Miles Davis, que cuantos más años tocaba, menos notas necesitaba. Mientras que ésta suele ser una evolución en el tiempo, Jon Bilbao parece escribir como si no tuviera nada que demostrar, como si llevara años publicando novelas de calidad. Y es ésta una de las principales virtudes de su libro. El uso de un lenguaje simplificado al máximo, que deja que la escritura descanse sobre la observación y el detalle, oculta el hecho de que estamos leyendo una novela tan extraña. Sin florituras, Jon Bilbao nos sumerge en una situación desquiciante, donde todas las opiniones que nos vamos formando a lo largo de la lectura se quedan pequeñas. En un momento, Héctor se pregunta si su familia no estará loca: “Una vez que Grego volvía a ser Grego, no quedaba rastro de las moscas. / Sí, la suciedad. / Pero tampoco la había visto nadie. / Quizá limpiaban un refugio limpio. Un refugio levantado para nada. / Héctor ni siquiera podía estar seguro de eso.” Los episodios, en apariencia deshilachados, se hilvanan mediante una coherencia interna que no podemos llegar a explicar del todo. Jon Bilbao enriquece el texto buscando cualquier punto de vista (un hámster) y recurso (à la Moby Dick, con citas de Plinio el Viejo incluidas), y con ellos hace avanzar la narración, manteniendo siempre un tono uniforme y provocando una sensación que oscila entre la fascinación y el asco.

Al principio de la novela, una tortuga con una cruz naranja pintada en el caparazón irrumpe en el jardín de Héctor. Grego queda vagamente disgustado. Más adelante, las puertas se abren “con un zumbido”. No estamos a salvo. Pero, ¿qué es exáctamente esta presencia que denominamos “salvaje”? El libro no ofrece respuestas, pero sí da un repertorio de preguntas que merece la pena hacerse. ¿Es lo salvaje deforme? ¿Es sólo deforme para nosotros, o es la civilización una deformidad de lo natural? En un episodio intenso, los habitantes de un pueblo quieren asesinar a una cabra que ha nacido deformada. No podemos evitar preguntarnos si los bárbaros no son quienes pretenden enfrentarse con violencia a la cabra lisiada. Los humanos no sabemos enfrentarnos a lo animal. Cuando nos vemos obligados a hacerlo, utilizamos nuestro lado más animal; el menos humano.

Pero el “Hermano de las Moscas” es, ante todo, una novela de personajes. Héctor, su mujer y su hija, Grego, y dos o tres secundarios más, se nos presentan de forma sólida, no tanto mediante el retrato, sino por una lógica en sus acciones, siempre concordantes. En la novela se enfrentan personalidades bien definidas, entre sí mismas y ante una situación límite, e incluso en los momentos más extremos nadie pierde sus señas de identidad. Sólo así consigue la narración seguir pegada a lo cotidiano. Jon Bilbao, atento al detalle, no se olvida de narrar las reacciones de los vecinos, las explicaciones que hay que darles, los rumores que corren… La novela abarca más de lo que aparenta.

En entrevista, el autor confesaba que reescribiría algunos fragmentos del libro. Ciertamente, hay algún diálogo mal resuelto, algunos adjetivos que no aportan nada (después del parto, Sara está “fatigada y feliz”); pero la atmósfera de banalidad e inquietud podría resentirse con correcciones. Es más, los peores momentos del “Hermano de las Moscas” surgen de momentos en que el autor entra demasiado en la novela (“aumentaba el peso de lo absurdo”), o cuando parece tener momentos de duda y quiere añadir lirismo a un conjunto que no lo necesita.

Sin embargo, en “El hermano de las moscas” predomina la sobriedad estilística y la inventiva científica en un debut que ya en sí es una singular joya, y que hace que esperemos la siguiente publicación de Jon Bilbao con mucha atención.

Fuente: El Crítico

Written by pursewarden

abril 22, 2008 a 5:19 pm

Una respuesta

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  1. […] país, sino a cuatro de los escritores españoles más interesantes a día de hoy: Gabriel Sofer, Jon Bilbao, Alberto Olmos y Matías […]


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