Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Relatos de Kolimá de Varlam Shalamov – El Crítico

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Los horrores del siglo XX han dejado atrás un género literario propio, un género que habla del mal absoluto, que se plantea el por qué de la supervivencia individual y en última instancia del de toda la raza humana. Los “Relatos de Kolimá”, de Varlam Shalámov, son un claro exponente de un género que también han contribuido a crear novelas como ‘Si esto es un hombre’, de Primo Levi (El Aleph – 1998) o ‘Un día en la vida de Ivan Denisovich’ (Plaza & Janés – 1970) y ‘Archipiélago Gulag’ (Tusquets — 2005), ambos de Alexander Solzhenitsyn.

¿Cómo abordar la crítica de un género de estas características? ¿Se pueden entender obras como éstas como sucesos aislados, desde fuera de la historia? Está claro que si así fuera, si tratáramos a estos libros como si fueran solamente piezas de ficción, quizá fuéramos más capaces de juzgar su valor puramente literario (y no el ético-histórico, que es irrelevante en muchas obras maestras de la literatura); pero estaríamos ignorando el tema mismo que tratan los autores.

En los relatos de Kolimá, el tema es el insoslayable filtro a través del cual existe esta obra. La necesidad que tiene Shalámov de relatar sus experiencias en el GULAG de Kolimá bajo la cruenta dictadura de Stalin es responsable de la génesis, el estilo y el formato del libro. ¿Cómo obviar así el contexto histórico en que se desarrollan los acontecimientos? ¿Cómo no convertirlo en el centro mismo de la lectura?

Varlam Shalámov pasó 17 años en campos de trabajo: Primero por difundir el testamento de Lenin, un documento muy crítico con Stalin (2 años de internamiento), luego por “actividades trotskistas antirrevolucionarias” (5 años) y finalmente por decir de Ivan Bunin que era “un escritor ruso clásico” (comentario que podría parecernos meramente descriptivo pero por el que Shalámov recibió su condena más larga, de 10 años). Conociendo estos datos y sabiendo que incluso llegó a participar en la fiesta del 10º aniversario de la revolución soviética con una pancarta que decía “Abajo Stalin”, cabría esperar una mayor politización en los textos de Shalámov. Sin embargo, éste se centra en las condiciones de los campos de trabajo y traza una biografía del GULAG a través de personas y objetos (así, los relatos se llaman ‘el paquete’, las bayas’, ‘el pan’, la corbata’). La única mención que se hace a Stalin aparece en una descripción de ‘la conspiración de los juristas’: “(…) ya teníamos que entrar, movernos por la enorme habitación con el retrato de Stalin que ocupaba toda la pared, detenernos ante una mesa escritorio de dimensiones descomunales, contemplar la cara pálida y pelirroja de un hombre que se había pasado toda la vida en los despachos, en despachos como aquel”.

Kolimá es un libro de geografías perfectas, donde de un lado, en “la isla”, están los presos, con sus propias normas, hábitos, objetos y comida, poca. Del otro, “el continente”, o el resto de Rusia, un tétrico amasijo inundado de lo que Pynchon llamaría smegma burocrático; y entre ambos el frío y el hambre, como barrera infranqueable. Toda la URSS parece ser un gran purgatorio blanco regido por un sistema arbitrario y cruel. “La Serpantínnaya era la célebre cárcel de instrucción del Kolimá, donde tantos hombres habían caído el año pasado. Sus cuerpos aún no habían tenido tiempo de descomponerse. Aunque aquellos cuerpos, cadáveres de tierras perpetuamente congeladas, siempre se mantendrían incorruptos.” Un enorme purgatorio donde el tiempo no pasa, quizás a causa de esas barreras que todo lo pueden.

El estilo de los relatos es directo, como de crónica, con aliento corto y frases duras. “Había perdido la salud para siempre. Sería un inválido de por vida”. Las intrusiones en la cotidianeidad del GULAG dan lugar a unos finales contundentes, que dejan una sensación de prisa y de vacío. Esta forma de narrar produce cierta descompensación estructural en algunos relatos que no afectan el resultado final, ya que parece que estos se escriben con la idea de que los leamos todos y que unos complementen a otros. No son cuentos que acaban con una idea ni la evolución de un personaje, sino por necesidades más puramente narrativas: Cae la noche, el protagonista es liberado, el narrador consigue pan. Es todo. Porque en Kolimá los personajes no avanzan ni retroceden, sino que se adentran en una espiral deshumanizadora que Shalámov describe paciente e implacable. “Fue entonces cuando observé un hecho sorprendente: en aquel inacabable esfuerzo resultaban duras e insoportablemente agotadoras sólo las seis o siete primeras horas. Después perdías la noción del tiempo y lo único que tu subconsciente controlaba era que no te quedaras helado: sacudías los pues y agitabas la pala, sin pensar ni confiar en nada.”

Los personajes de este libro aparecen y desaparecen, a veces inexplicablemente, dentro de los propios relatos. Shalámov parece decirnos que Alexandr Yevguénievich, Fadéyev y todos los demás estuvieron allí, con él. No sufrieron ninguna epifanía, ni iluminación, ni nada. Simplemente sufrieron. El narrador a veces ofrece datos sobre sí mismo y otras veces no, y a menudo vemos la 1ª persona del plural explicando el destino de ese grupo de personas que se morían “tan lentamente que habían dejado de comprender que se estaban muriendo”. O como Andréi Fiódorovich Platónov, “guionista en su primera vida, (…) murió como mueren muchos: levantó el pico, se tambaleó y cayó de bruces contra las rocas.”

Varlam Shalámov se retractó de todo lo narrado en sus relatos de Kolimá en 1972, presionado por el gobierno de Leonid Brezhnev. Aún así murió desahuciado a causa de su salud deteriorada en 1982, sin ver su libro editado en la URSS, algo que sólo ocurriría bajo la Glásnost de Gorbachev 5 años más tarde. Ahora en España la editorial Minúscula, en una excelente edición, nos ofrece la primera parte de las 6 que componen la obra de Shalámov. Un libro que merece ser recordado tanto por su valor humano e histórico como por su categoría de obra cumbre de la literatura.

Fuente: El Crítico

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