Alejandro García Ingrisano

Opinión de literatura, política, cine, toros…

Tan Fuerte, Tan Cerca de Jonathan Safran Foer – El Crítico

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LA GENIALIDAD VIVE EN LA IMPERFECCIÓN

“Tan fuerte, tan cerca”. Jonathan Safran Foer. Traducción de Toni Hill. Editorial Lumen. Barcelona, 2005. 441 páginas.

Cuando Salman RushdieJohn UpdikeSusan SontagJoyce Carol Oates muestran interés por un autor novel, mucha gente presta atención. Después de ‘Todo está iluminado’, el nuevo trabajo de Jonathan Safran Foer (1977) ha suscitado una controversia tan fuerte que el crítico del New York Press, Harry Siegel, incluso ha llegado a publicar un artículo titulado ‘Why the author of Everything Is Illuminated is a fraud and a hack’ (Por qué el autor de Todo Está Iluminado es un fraude y un vendido’). La misma publicación ha nombrado a Foer uno de los ’50 neoyorquinos más detestables’. Se podría decir que ha cumplido las expectativas.

‘Extremely Loud & Incredibly Close’ (editado por Lumen en nuestro país y misteriosamente traducido como ‘Tan fuerte, tan cerca’) es un libro ambicioso, conmovedor, inmaduro, valioso. En él conviven algunos momentos carentes de tensión narrativa con otros (los más) llenos de fuerza y belleza. A pesar de que el eje de la novela es el 11-S, el libro evita el sentimentalismo fácil: el padre de Oskar Schell muere en el atentado de las Torres Gemelas, y Oskar, un niño prodigio, es incapaz de comprender el por qué de su muerte. Un día encuentra una llave entre las pertenencias de su padre, y decide probar todas las cerraduras de Nueva York en busca de la cerradura en la que encaje. A partir de allí se teje una historia cuyos temas centrales son la familia y el miedo.

Un alto porcentaje de los críticos ha coincidido en señalar que el principal problema de la novela es su exceso de experimentación: Foer ha elegido incluir fotografías, páginas con una sola frase, palabras superpuestas progresivamente hasta formar una masa negra y hasta 15 imágenes al final en las que la secuencia de la famosa grabación de un hombre cayendo de una de las Torres Gemelas se revierte para que parezca que vuelve a entrar por la ventana. ¿Cómo no estar de acuerdo cuando el crítico de una publicación de masas dice que Foer “experimenta demasiado”? Pues claro que sí. Los experimentos formales no son algo a lo que debería dedicarse un bestseller.

El problema es que Jonathan Safran Foer no pertenece al mundo de los bestsellers, aunque por volumen de ventas esté habitando en él. Él no ha planteado una novela para ser simplemente leída, sino un libro orgánico, un libro para ser manoseado, que explora y juega con el espacio. Foer es un discípulo de Sterne con los manierismos de Wes Anderson. Y claro, eso no vende nada, nada. En palabras del autor: “La idea del arte, o al menos parte de la idea, es explorar cosas nuevas. (…) Es bueno que la literatura no haya caído del acantilado del sentido [como el mundo del arte], pero también ha sufrido por no caer. Debido a que los editores y críticos han sido tan protectores con los límites de la novela, cualquier tipo de intrusión se considera como un artificio”.

No sorprende pues que Harry Siegel incluya en su crítica una nostálgica mirada atrás, cuando revistas como Playboy o Atlantic publicaban a Isaac Bashevis Singer y otros “escritores con talento”. Ah, los buenos tiempos. Cuando las revistas publicaban relatos porque los escritores tenían talento. Es posible que Siegel tenga un muy buen gusto para la literatura. Le gusta Bashevis Singer. Le gusta Faulkner. Pero leyendo su lacrimoso lamento sobre el estado de la literatura contemporánea, uno no puede evitar sospechar que su buen gusto se quedó anclado en el siglo pasado. Tampoco pasa nada. Y es que para ser crítico del New York Press (y de la mayoría de grandes publicaciones), mirar a nuevos autores con desprecio o al menos condescendencia seguramente sea un requisito.

Esto no quiere decir que ‘Tan fuerte, tan cerca’ no peque de exceso de ambición mal resuelta o de cierta descompensación narrativa. Cuando la trama se va complicando con la introducción de nuevos personajes (antepasados de Oskar), da la sensación a veces de que el libro se salva del tedio por sus recursos visuales. Sin embargo, es en este punto donde encontramos algunos de los pasajes más intensos, como cuando Stephen Hawking le confiesa a Oskar en una carta: “I wish I were a poet (…) I’ve spent my life exploring the universe, mostly in my mind’s eye. It’s been a tremendously rewarding life, a wonderful life. I’ve been able to explore the origins of time and space with some of the great living thinkers. But I wish I were a poet”.

También la ingenuidad del protagonista puede resultar irritante para algunos lectores, o les puede parecer, como a muchos críticos estadounidenses, un personaje mal construido. En el Houston Chronicle se preguntaban cómo un niño que lee ‘Breve historia del tiempo’ y que es capaz de transcribir el último mensaje que le deja su padre al código morse puede no saber quién es Winston Churchill. Pero Oskar es un estudiante híper-selectivo, un googleador compulsivo que se construye una cultura sin referentes académicos. Molesta asimismo a algunos que el personaje parezca no tener nueve años, como si la característica de un niño prodigio no fuera precisamente la de parecer mayor. Es precisamente esta descompensación la que hace a Oskar un personaje interesante y salva a la novela de ser otra tediosa crónica de despertar preadolescente (“fue la primera vez que me fijé en los pechos de una mujer”, y esas cosas).

Foer demuestra su buen hacer literario en frases como ésta: “A man stood there without saying anything, and it was obvious he wasn”t a burglar. He was incredibly old and had a face like the opposite of mom”s because it seemed like it was frowning even when it wasn”t frowning.” ¿Se necesita más información? Con dos frases, Foer nos describe a tres personajes. Y son este tipo de recursos los que acaban justificando la escritura fragmentaria que se vislumbra en gran parte de las nuevas generaciones de novelistas norteamericanos.

No se trata de un libro perfecto, pero un libro así no lo puede ser. La genialidad está en saber explorar, e incluso en equivocarse. Es un collage, reflejo de esta nueva generación de escritores que se han educado con Google y la información despedazada de la CNN; un estilo que ya se anunciaba en novelas como ‘Los detectives salvajes’ de Bolaño (traducida este año al inglés con un enorme éxito). Y Foer no olvida que “todo buen libro quiere hablar sobre los mismos temas, más o menos: familia, muerte, sexualidad y cosas así. El problema es que llevamos tanto tiempo expresándolas o intentando hacerlo que las palabras están empezando a morir. (…) Una expresión como “te quiero” virtualmente no tiene sentido ya. Todo el mundo la ha oído. Probablemente de un número de personas. ¿Cómo se puede expresar con algo de sentido? (…) Tienes que encontrar nuevas formas de decirlo. A lo mejor puedes utilizar las mismas tres palabras pero en un lugar distinto. O con una inflexión distinta, para que estés constantemente tratando de expresar a la persona a quien se lo dices por qué significa algo. Los libros son lo mismo”.

La crítica a Foer se tiene que realizar desde esta perspectiva: sabiendo cuáles son sus objetivos. Y uno de ellos es renovar el lenguaje de la novela. Si acaba contribuyendo a ello o no se verá con el tiempo, pero mi impresión es que tanto ‘Todo está iluminado’ como ‘Tan fuerte, tan cerca’, con todas sus carencias, son pasos en la dirección acertada.

Fuente: El crítico

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